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En sus orígenes presentaron modelos rupturistas de acelerada reputación, pero no pudieron adaptarse a los cambios de época y contextos. Casos de automotrices de Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia que desaparecieron tras comienzos promisorios

Nacieron con pretensiones y murieron víctimas de su ambición. Irrumpieron en mercados desarrollados con propuestas innovadoras, construyeron una identidad, concibieron un nombre propio, fabricaron modelos significativos, pero no pudieron soportar el frenesí de una industria en constante transformación. Falta de recursos, inestabilidad financiera, desórdenes legales, contabilidad y políticas inescrupulosas, escaso espíritu innovador, contextos socioculturales adversos.

Las razones de sus desapariciones son variadas y hasta múltiples. Algunas pueden ser desconocidas, otras populares. Algunas renacieron como fabricantes boutique, modestas o exclusivas, otras tienen promesas de resurgir. Pero, todas, ya no son lo que fueron. Un repaso por esas marcas que solo viven en el recuerdo.

Venturi

La aventura traumática de un fabricante francés que quiso rivalizar con Ferrari. Sus orígenes se remontan a 1984: los ingenieros Claude Poiraud y Gerard Godfroy presentaron el primer prototipo de una coupé deportiva llamada Ventury (sí, con una "Y" griega final). En sus años de gestación eran contemporáneos deportivos del calibre del Ferrari Testarrosa, el Lamborghini Countach y el eterno Porsche 911: la legendaria industria francesa no competía en el segmento. Al año siguiente fundaron la compañía Manufacture de Voitures de Sport, o MVS, con la premisa de concebir un deportivo con autenticidad, personalidad, aerodinámica eficiente, materiales acabados y un lenguaje de diseño intransferible.

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Duraron cinco años hasta que decidieron modificar su nombre para acercarse al sueño de emparentarse, al menos en concepto gramatical, al fabricante de Maranello. Se rebautizaron Venturi, con una terminación vocal similar a Ferrari. En la última década del milenio, conformó bocetos de una identidad propia conforme el éxito de la producción de modelos como el Venturi 300 Atlantique o el el Venturi 400 GT. Hasta que los bancos no aceptaron la financiación de la deuda y la auspiciosa compañía presentó la quiebra en 1996 con una producción total cercana a las 750 unidades.

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Venturi murió joven y resucitó joven. En 2001, el millonario Gildo Pallanca Pastor adquirió la compañía con la visión de fabricar deportivos de propulsión eléctrica. El Volage, el Fetish, el Astrolab, los concepts cars futuristas, su devoción por las competencias de velocidad y la presencia de la marca en la Fórmula E es lo que queda de Venturi, ya sin el glamour y el entusiasmo de sus comienzos.

Duesenberg

Hay historiadores que lo consideran el mejor automóvil de todos los tiempos. O al menos el mejor modelo norteamericano de la historia. Frederick y August Samuel Duesenberg, hermanos nacidos en Alemania, comenzaron fabricando motores para bicicletas a principios del siglo XX. Crearon primero un taller mecánico, después Edward R. Mason, un cliente, decidió financiar el talento de los hermanos fundando la compañía automotriz The Mason Motor Car Company. Los proyectos individuales de los Duesenberg permitieron la adquisición de la compañía en Saint Paul, Minnesota, en 1913.

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Hasta 1921 se dedicaron a construir motores para abastecer las demandas de la Primera Guerra Mundial y para establecer nuevos récords en las 500 Millas de Indianápolis. Siete años después nació el Duesenberg J, el mito. Un auto elegante y excelso, el Rolls-Royce americano, con una calidad de prestaciones que en respeto por el refinamiento y la ingeniería del detalle. Su modelo evolución, el SJ, montaba un motor de ocho cilindros en línea
que desarrollaba 325 caballos de potencia y alcanzaba una velocidad final de 206 kilómetros por hora.

Duesenberg soportó la crisis del 29 gracias al empuje comercial de la farándula de Hollywood y las monarquías europeas. Actores de la talla de James Cagney, Greta Garbo, Gary Cooper y Clark Gable, monarcas como Nicolás de Rumania, Alfonso XIII de España, Victor Emmanuel de Italia y María de Yugoslavia solventaron la continuidad de la firma norteamericana. Había sido adquirida en 1926 por el dueño de Auburn-Cord, una compañía que finalmente lo condujo a la quiebra en 1937, tras haber fabricado en los nueve años de vigencia de sus dos modelos apenas 472 ejemplares. Suficientes para marcar una huella en la historia de los automóviles.

DeLorean

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El cine y la trilogía Volver al Futuro hicieron más por el DeLorean que sus propios fabricantes. Su recuerdo está directamente asociado al auto que viajaba en el tiempo, al "doc" Emmet Brown y a Marty McFly. La primera película se estrenó en 1985, tres años después de que la compañía fundada por John DeLorean presentara su quiebra definitiva. La automotriz original (no sus varios intentos de resurrección) no pudo aprovechar la promoción del deportivo en la pantalla grande. Para esa época, ya había dejado de existir.

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DeLorean Motor Company (DMC) fabricó un único modelo: el mítico DeLorean DMC-12 inauguró su producción el 21 de enero de 1981. El 24 de diciembre de 1982 se ensambló el último ejemplar. En el durante, un sinfín de situaciones destruyó su patrimonio. La fábrica se instaló en Irlanda del Norte, donde la Agencia de Investigación y Desarrollo le había prometido cien millones de libras por establecer su producción. La exención fiscal no se respetó. La producción encontró problemas técnicos que debilitaron su rentabilidad: el elevado costo de su fabricación y la alta emisión de gases contaminantes que le negaba su ingreso al mercado estadounidense. La carrocería era de acero inoxidable, lo que la hacía imposible de pintar. Todos los autos eran grises -idénticos-, no se distinguían entre sí y pecaban de exagerado futurismo. Estimaban vender diez mil unidades, pero solo distribuyeron seis mil.

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Cuando John DeLorean fue arrestado por el FBI acusado de tráfico de drogas, su compañía se derrumbó. Fue imputado por el invento de vender cocaína por el valor de 25 millones de dólares en procura de salvar a su empresa de la bancarrota. Y aunque pronto haya quedado libre de cargos, su nombre y su automotriz habían recibido una herida de muerte.

Iso Rivolta

Renzo Rivolta fue un ingeniero industrial italiano. Fundó en 1939 la compañía "Isothermos & Renzo" destinada a la fabricación de instrumentos de calefacción y refrigeración. La Segunda Guerra Mundial le modificó los planes: debió mudar la fábrica por los bombardeos y cambiar su actividad. Comenzó a fabricar scooters, motocicletas y motocarros. En 1953 se formalizó su reestructuración comercial. La renovada compañía "Iso Autoveicoli SPA" se dedicó exclusivamente a la producción de vehículos motorizados.

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Desarrollaba modelos fiables, modestos, prácticos, en respeto a la utilidad social de la posguerra y a la belleza y elegancia italiana. Su primer éxito comercial fue el inédito Isetta, un microcoche con espacio para dos pasajeros y una única puerta delantera. Vendió 161.728 unidades en todo el mundo, gracias al aporte mayúsculo de la versión alemana de BMW que multiplicó la popularidad del nuevo concepto de movilidad.

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En los años sesenta, conoció el esplendor. Su gama de productos fue nutrida con el gran turismo Iso Rivolta 300, el deportivo Iso Grifo y el sedán Iso Rivolta Fidia. Era el balance perfecto entre el más delicado diseño italiano y la potencia de un motor V8 americano. Con una fabricación total de 1.700 unidades, la marca sucumbió ante el estallido de la crisis del petróleo de 1973. Cesó su producción dos años después y, a pesar de algunos espasmos de resurrección, se resignó a ser un retazo melancólico del tiempo.