“Pero si quiero ardiente y apasionadamente el pan del obrero,  el pan del trabajador, que es un hermano,  quiero, además del pan de la vida, el pan del pensamiento, que es también el pan de la vida.  Quiero multiplicar el pan del espíritu como el pan del cuerpo”

Víctor Hugo

Recientemente comentamos sobre las movilizaciones nacionales ante la reducción del presupuesto para cultura y sobre la respuesta de Alejandra Frausto quien indicó que dicha disminución se aplicaría acorde al plan de austeridad, sobre los gastos operativos, dejando intactos los programas de apoyos a la cultura destinados a contribuir al bienestar social e igualdad.

En ese sentido, sin hurgar a fondo en el destino preciso de los recursos, puedo hablar de lo que se observa, desde una perspectiva muy particular, en torno al quehacer artístico y cultural en el último año.

Considero un acierto el programa Cultura Comunitaria, en tanto es congruente al enfoque del Plan Nacional de Desarrollo, abriendo actividades y circuitos culturales como factores de paz, cohesión social, convivencia y espiritualidad, priorizando a los sectores marginados, poblando los barrios, las comunidades y entornos sociales más afectados por la pobreza, la desintegración social y familiar, las adicciones y la violencia delictiva.

Algunos colegas artistas y gestores culturales de Coahuila y otros estados, aplicaron a las convocatorias para conformar el equipo de trabajo y ahora participan como facilitadores de los diferentes programas, y puedo dar fe de su organización, entrega y entusiasmo al preparar las actividades que conforman este Programa.

Cultura Comunitaria se compone de cuatro ejes de trabajo: misiones por la diversidad cultural, semilleros creativos, territorios de paz; y comunidades creativas y transformación social.

En el primer eje se realizaron jornadas de trabajo en diferentes municipios de cada estado, llevando a cabo un registro de agentes culturales denominado “telar” para la creación de un directorio nacional; en las milpas culturales se desarrollaron varias herramientas  con el fin de realizar un diagnóstico de necesidades y elaborar un mapeo de infraestructura cultural, culminando esta primera etapa con un “Jolgorio” de actividades artísticas y culturales involucrando a la comunidad en talleres, espectáculos, conversatorios,  exposiciones, corredores gastronómicos y artesanales, proyección de mediometrajes, círculos de diálogo y salas de juego para niños.

En una primera etapa se visitaron nueve municipios del estado, y concluyó con el jolgorio en Saltillo, el pasado fin de semana, haciendo uso de espacios como la biblioteca Manuel Múzquiz Blanco, el sótano del Teatro García Carrillo, la calle Aldama, el Taller de arte Casa Azul, la Casa Camaleón, la plaza de la Nueva Tlaxcala, el CERESO femenil y la casa Tiyahui. 

Tal vez exista cierta incertidumbre compartida en cuanto al futuro de la cultura en nuestro país, lo que sí es cierto es que durante años hemos realizado nuestra labor con “apoyo” y sin él, (no podríamos hablar propiamente de un apoyo, sino la devolución de los recursos que aportamos como contribuyentes) sin eximir con esto a las instituciones de sus obligaciones en la administración equitativa y justa de los recursos. También es nuestra responsabilidad el vigilar y exigir que así sea.

Aplaudo la labor de llevar mediante el arte este alimento espiritual a quienes regularmente no tienen acceso a él, y también reconozco la dignificación a la figura de los artistas que ofrecen su trabajo, su talento, su pasión y que son tomados en cuenta como agentes culturales, como prestadores de servicios profesionales, proveedores de bienes que aunque intangibles algunos, sí abundantes en valores estéticos y emocionales que nutren el alma de la sociedad más allá del cuerpo, tal como Teófilo Gautier lo refiriera en el arte por el arte: “hay quienes prefieren el pan del cuerpo que el del alma: se merecen ser economistas”.

En esta, como en todas las administraciones, nuestra indiscutible tarea es asumir nuestro compromiso con una sociedad que más que nunca necesita del arte y la cultura como un faro y pilar al cual asirse fuertemente para salir íntegros en cuerpo y alma en medio de nuestra propia realidad.