El pasado martes se cumplieron con exactitud 50 años del estreno de un western filmado casi en su totalidad en locaciones de Coahuila y que prácticamente desde entonces se convirtió en un clásico del género.

Fue el 18 de junio de 1969 cuando vio la luz con su premiere en Los Ángeles, California, “La Pandilla Salvaje” (“The Wild Bunch”), filme de uno de los maestros del género del western, Sam Peckinpah, el cual se rodó en locaciones naturales de Parras de la Fuente, Coahuila, a lo largod el año de 1968 con la presencia, entre otros, de los ganadores del Oscar William Holden, Ernest Borgnine; Ben Johnson y Edmond O´Brien; nominados como Robert Ryan y actores, actrices y directores mexicanos como el coahuilense Emilio “Indio” Fernández; Chano Urueta; Alfonso Arau; Jorge Russek, Sonia Amelio, Elsa Cárdenas y Aurora Clavel, entre muchos otros más.

“La Pandilla Salvaje” fue una película de vaqueros transgresora para la época en muchos sentidos, desde sus primeras imágenes donde un alacrán es devorado por unas hormigas de una sugerencia del amigo y colaborador de Peckinpah en esta y otras cintas, Emilio “Indio” Fernández, hasta el hecho de ser una historia que retrataba fielmente ahora sí que a “los ladrones de la vieja guardia”, un grupo de forajidos del Viejo Oeste que tenían su propio código de ética y que aunque originalmente se reúnen para efectuar un robo en el vecino país del norte, viven una odisea que los trae hasta México en tiempos postrevolucionarios donde un general huertista llamado Mapache (el mismo “Indio” Fernández) resulta a final de cuentas ser el gran villano de la historia.

Fue ese “detalle” (un villano interpretado por uno de nuestros grandes cineastas), así como la violencia gráfica e implícita para la época en una película de este género, que no sirvió mucho que dentro de la trama hubiera un miembro de “La Pandilla” fuera un mártir mexicano para este grupo de antihéroes (interpretado por el actor puertorriqueño Jaime Sánchez) para que la Secretaría de Gobernación de entonces la censurara (tomando en cuenta los tiempos post-Tlatelolco que se vivían además) pero no solo unos años … sino décadas, ya que como sucediera con cintas mexicanas “malditas” como “La Sombra del Caudillo” (Julio Bracho, 1960) o “La Rosa Blanca” (Roberto Gavaldón, 1961) en su caso se tardara más de tres décadas para estrenarse en nuestro país el 15 de junio del 2002 en la Cineteca Nacional.

Con todo, este clásico de culto se rescató primero en formato de video, luego en DVD donde su versión original cuenta con un documental sobre el rodaje que muestra como Parras de la Fuente se transformó durante más de 6 meses en las locaciones de esta historia ubicada en las primeras décadas del siglo XX así como en locaciones alternas como el entonces caudaloso Río Nazas donde tiene lugar una de sus mejores secuencias de acción con caballos involucrados. El mejor homenaje para todos aquellos involucrados en su realización es no dejar de verla y admirarla en estos tiempos y los que vengan.

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