Limitaciones. En la escuela ejidal los alumnos de tercero, cuato y quinto grado estudian en un mismo salón. / Héctor García
Esta vez su abuela sólo pudo comprarle una libreta y algunos lápices para los primeros días de clases

Dice que cuando sea grande quiere ser doctora.

Daniela está sentada en el salón que comparte con niños de tercero y cuarto y platica cuánto le gustaría seguir con sus estudios. Pero lo ve difícil. Desde el accidente de su abuelita, la única persona que la apoya, la situación se ha complicado, cada vez hay menos dinero. 

Cursa el quinto grado y es su primer año en la escuela Amado Nervo, en el ejido Hipólito, de Ramos Arizpe. Ella y su abuela Rita llegaron hace 2 años de Monterrey, donde vivieron durante casi 10. 

Esta vez su abuela sólo pudo comprarle una libreta y algunos lápices para los primeros días de clases. 

Antes de su fractura en la rodilla izquierda —que ahora le impide caminar—, Rita trabajaba en un centro de desarrollo infantil. Era cocinera, pero si las trabajadoras requerían de su ayuda para cuidar a los niños, también lo hacía. 

Son las 11:00 de la mañana y doña Rita sale de su casa con una andadera. Camina despacio y arrastra sus pies. De vez en cuando se queja del dolor. Dejó sola a su mamá (77) durante unos minutos para platicarme su historia y pedir apoyo a la ciudadanía para su nieta.   

Daniela Martínez Vega llegó a los brazos de doña Rita cuando tenía apenas unos 10 meses de nacida. Su nuera y su hijo decidieron dejarla con ella para irse y después, cada quien por su cuenta, formar una nueva familia. Desde entonces Rita ha sacado adelante a su nieta ella sola, sin el apoyo de alguien. 

Sueños. Daniela quiere ser doctora; su abuela Rita no tiene recursos para darle estudio. / Héctor García

“Aunque tenga esta fractura y no pueda caminar muy bien. Todas las mañanas me levanto y le doy de almorzar a mi niña antes de que se vaya a la escuela. También atiendo a mi mamá, que está enferma y le amputaron una pierna. Ahorita no puedo trabajar, pero de repente nos llega algo de apoyo”, cuenta Rita. A veces, la mujer de 55 años se siente triste. Le gustaría acompañar a su nieta a la escuela, pero no puede caminar grandes distancias. La Amado Nervo está a unas tres o cuatro cuadras de la casa y para Rita esas son grandes distancias. Es su vecina, la que de vez en cuando le regala algo de comida, quien también lleva a la niña a la escuela. 

Para ella, el momento más difícil no es ahora, sino cuando recién se fracturó su rodilla izquierda. Aún vivían en Monterrey y Dani tuvo que dejar de ir a la escuela. Su abuela ya no podía llevarla. 

“Cuando recién me fracturé, para mí era una impotencia no poder atender a mi niña. Ella estaba acostumbrada a que yo me levantaba todas las mañanas y le preparaba su desayuno. La acompañaba a la escuela y a las 12:30 iba por ella, aunque la escuela estaba enfrente”, recuerda. 

En su regreso al ejido Hipólito, de donde Rita es originaria, Dani disfruta de la tranquilidad del lugar y de sus compañeros de escuela. 

Le gusta la escuela y la enfermedad de su bisabuela es lo que la motiva. Pero las dificultades económicas son muchas y todavía le faltan algunos materiales de su lista de útiles escolares. Por ahora requiere de más libretas, una mochila, colores, ropa y un par de tenis. 

Para doña Rita también es difícil comprar la despensa, por lo que también requiere de algunos alimentos, pues sólo recibe un apoyo del programa Prospera cada dos meses y, de vez en cuando, algo de dinero de la pareja que tiene, un hombre de su edad que sólo tiene trabajos provisionales en la obra.

 

1
Pide ayuda
>Daniela cursa el quinto grado en la escuela Amado Nervo. >Vive en el ejido Hipólito, de Ramos Arizpe. >Llegó ahí hace 2 años; viene de Monterrey. >Su abuela sólo pudo comprarle una libreta y algunos lápices para ir a la escuela. >Doña Rita ya no puede trabajar a causa de una lesión.