Un día antes de la conmemoración de las cinco décadas del 2 de Octubre hubo otro aniversario también de 50 años pero en su caso del estreno de un clásico que sigue escribiendo historias.

Esto corresponde a “La Noche de los Muertos Vivientes” (“Night of the Living Dead”), cinta en blanco y negro del entonces cineasta debutante George A. Romero la cual, filmada con un presupuesto aproximado a los 114 mil dólares en locaciones naturales del estado del Pennsylvania, con el paso de los años no sólo llegó a acumular un aproximado a los 30 millones de dólares a nivel mundial sino que al convertirse en automático en un clásico de culto que posicionó dentro del género del terror a los zombies como protagonistas de historias que para no ir tan lejos este fin de semana a nivel nacional e incluyendo a Saltillo siguieron propiciando una oferta más de esta temática proveniente en su caso de Canadá titulada “Los Hambrientos”, de la autoría de Robin Aubert.

“La Noche de los Muertos Vivientes”, lejos de lo inverosímil que pudiera parecer su premisa inicial, fue en realidad el tubo de escape que a través de una cámara de cine utilizó Romero para materializar un microcosmos no muy distante de la opresiva realidad que como en México en 1968 también se vivía en Estados Unidos, en medio de la guerra de Vietnam y la represión particularmente de la población afroamericana en sus libertades civiles por lo que no es gratuito que uno de los personajes del grupo de sobrevivientes que se atrincheran en una cabaña para defenderse del apocalíptico ataque zombie es un protagonista de color, en una época en la que salvo contadas excepciones como la del primer actor Sidney Poitier podían hacerlo.

Como sucede en la vida real, el mismo lunes 1 de octubre en el que se llevaba a cabo el 50 aniversario del estreno de este clásico se apagaba la vida a los 94 años de edad del aún activo cantante, actor y compositor de origen armenio Charles Aznavour, cuya presencia tanto actoral como musical no puede desligarse del Séptimo desde principios de la década de los años 60 cuando protagonizó bajo las órdenes del célebre representante de la “Nueva Ola Francesa”, Francois Truffaut, el clásico “Disparen sobre el pianista” pasando por la dirección del alemán Volker Schlondorff en la ganadora del 
Oscar a la Mejor Película Extranjera de 1979 “El tambor de hojalata” o más recientemente del cineasta canadiense con ascendencia también armenia Atom Egoyan en “Ararat”, del 2002, entre otras más.

Para terminar, y volviendo al universo de los zombies, la primera semana de octubre del 2018 cerró con otro sentido deceso, en su caso del prolífico actor norteamericano Scott Wilson, el sábado 6 a los 78 años de edad, quien justo el año pasado estuvo de manteles largos festejando sus 50 años de actividad como histrión al debutar en el año de 1967 en un par de clásicos como “Al calor de la noche”, de Norman Jewison o “A sangre fría”, de Richard Brooks, alcanzó su mayor popularidad irónicamente en le tercera edad gracias a su papel del patriarca rural Hershel Greene de la serie “The Walking Dead”, heredera directa del legado del maestro George A. Romero del que escribimos al inicio de este comentario tomando en cuenta que es producto de uno de sus pupilos en este género, Greg Nicotero.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que la actividad de Wilson en el cine traspasó fronteras, y para no ir tan lejos llegó incluso a ser dirigido por el mexicano Arturo Ripstein en la película “La Ilegal”, de 1979, al lado de Lucía Méndez y Pedro Armendáriz Jr., entre otros más. Descansen en paz.

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