La técnica del canto operístico tiene características muy bien definidas, sin embargo, su enseñanza supone algunas complicaciones. El instrumento vocal es orgánico, interior, oculto a la vista, lo cual dificulta la instrucción con base en referencias esquematizadas como pueden ser las teclas de un piano o las cuerdas de un violonchelo. Además, de cierta manera, la técnica vocal también tiene la función de moldear el instrumento, pues en tanto órgano complejo es sujeto de fortalecimiento, adaptación y automatización. Estamos, por lo tanto, ante un instrumento especial, extraordinario, un instrumento que vive dentro de su ejecutante, que es parte de él.

Ante tal problemática, el maestro de técnica vocal o el coach acuden a menudo a figuras literarias, a tal punto que una clase de canto puede convertirse en una fiesta de símiles, metáforas y analogías; algunas elegantes, otras no tanto:

“Tienes un cinturón y lo ajustas suavemente. Así es, sigue cantando, ¡muy bien, lograste el appoggio!”

“En esta frase que va hacia el agudo imagina que llevas puesto un gorro de Nefertiti. ¡Bien! Más grande, más grande el gorro. ¡Eso es, ahora hay un buen espacio!”

“Las vocales son el río; las consonantes, piedras que arrojas en el río pero que nunca lo detienen. ¡Bien hecho, conseguiste el legato!”

“Debes ser libre, ¡el canto es un grito elegante!”

“¡La cuerda pegada, la cuerda pegada!”

“Tú debes escuchar un mosquito.”

“Esa nota está muy atrás, no tiene punta, ponla en la máscara, ¡sí, ahí está! ¡Vaya squillo!”

“No, estás desafinado y descolocado. A ver, ¡aprieta el fundillo! ¡Esoooo!”

Recabé cada uno de estos ejemplos en la experiencia directa con grandes maestros, y alguno es de invención propia (no se asusten, el último no es mío), pero son solo unos cuantos del universo enorme de símiles, metáforas y frases picarescas que hacen posible el aprendizaje de la técnica del canto.

Sería interesante conocer la traducción de estas expresiones a términos anatómicos y fisiológicos, ya que solo algunas de las instrucciones cotidianas de la clase de canto suelen predicarse formalmente, como la distensión o contracción del diafragma y de los músculos intercostales o el descenso de la laringe. Y es que seguramente algunos procesos mecánico-anatómicos implicados en el canto de la ópera son de tal complejidad que citarlos en jerga médica nunca conseguirán la misma efectividad práctica que imaginar un gorro de Nefertiti, escuchar mosquitos o apretar el fundillo.