El huachicol, la seguridad, el feminismo son temas en los que todos nos volvimos expertos. Hablamos en su momento de ello, como si supiéramos. Hoy la pandemia del COVID-19 no es la excepción. Orígenes, mitos, creencias, sintomatología, tratamientos, estrategias; son variables de las que periodistas, politólogos, influencers, blogueros, youtubers y twitteros hablan con primaveral ligereza.

Impresiona la forma en que los comunicadores se volvieron científicos, médicos y epidemiólogos. Todos opinan de todo, particularmente de lo que no saben. Sin embargo, esas opiniones impactan a quienes hoy por hoy tienen más confianza en personajes con poca consistencia argumentativa, que los que se han dedicado en cuerpo y alma, en este caso, a las actividades de la salud.

Pareciera que el dicho aquel de “zapatero a tus zapatos” no lo hemos escuchado o simplemente creemos que en esta vida no hay nada que Google no pueda resolver. ¿Cuál es el problema con estos nuevos segmentos de comunicación? El problema de estos tiempos; la polarización social, la desilusión, la incredulidad, la desconfianza, el deterioro de la autoridad y particularmente la desinformación.

No olvidemos que la palabra tiene muchas funciones como comunicar, iluminar, recomendar, motivar, proponer ideas, construir o destruir y, en el caso presente, causar confusión. Es importante que acabemos de entender que hay autoridades y especialistas en los distintos ámbitos. Hoy la crisis tiene un epicentro y es el sector salud.

Que hablen los que saben, que hablen los médicos y quienes socialmente tienen la licencia de velar por nuestra seguridad social. Que atendamos con humildad y confianza a los que saben, pues de esa forma estaremos asegurando lo que no hicieron en otros países, donde hoy superan más de 100 mil contagios.

Si la autoridad sanitaria ha determinado una serie de requerimientos para enfrentar la contingencia, atendámosla. Ellos son los que saben. No son los opinólogo, ni pseudosabios y todólogos que viven de la crítica y lo que les interesa es seguir generando confrontación.

Está claro, a nadie le conviene o es de su agrado cerrar su negocio, o no asistir a trabajar, o dejar de ser productivo o quedarse en casa. Si lo recomienda la autoridad es porque así es como podemos hacer un cerco y evitar la propagación. En las próximas dos semanas, de acuerdo a lo que han vivido otros pueblos y teniendo en cuenta los tiempos, se nos viene una situación bastante complicada.

No es un tema de mordaza, de cancelación de derechos de libre expresión o de libertad de pensamiento el que sugiero, si no el de responsabilidad en los comentarios que hacemos, sin ser especialistas en un tema determinado. Por tanto, la clave de salir bien librados de la situación que hoy compartimos con una buena parte de la sociedad mundial, estriba en acatar las recomendaciones de los especialistas. Ellos son los que tienen argumentos sólidos y bien fundamentados. Que nos vaya bien depende de la confianza que tengamos en las autoridades, no en los que opinan a partir de sus corazonadas y suposiciones.

Que los influencers generen opiniones y reacciones en temas que tienen que ver con la mercadotécnica, no con las epidemias. Que el bloguero se dedique a administrar su sitio con la idea de entretener, vender o promover productos y servicios, pero no a lucrar con información que ni conoce, ni les corresponde. Que los twitteros activos dejen de influir con sus comentarios que deforman la realidad porque parte de una visión subjetiva de las cosas.

Que los analistas políticos opinen de lo que les corresponde y dejen de culpar y endilgar responsabilidades a diestra y siniestra porque de lo que se trata es de buscar culpables. ¿Qué harían si tuvieran ellos la responsabilidad de la conducción de la sociedad mexicana?

Dice Platón “que cada quien haga lo que le corresponde hacer”, eso es la justicia. La tolerancia, el respeto y el lenguaje asertivo son recursos necesarios para la convivencia pacífica. En estos tiempos de pandemia, es importante que quienes tienen la posibilidad de impactar a un auditorio, grande o pequeño, hablen y escriban para sumar y multiplicar, no para restar y dividir. Dejar de desinformar, quienes lo hacen, y por otro lado atender a los que sí saben es un imperativo en estos días. Así las cosas.

Felipe de Jesús Balderas

Columna: Así las cosas...

Es Profesor Asociado en el Tecnológico de Monterrey y Doctor en Humanidades