Nunca había ido a una marcha, pero el gasolinazo parecía un buen motivo para aguantarme el frío y sumarme a los valientes que se levantaron el primero de enero de este año para alzar su voz, o lo que quedó de ella después de las fiestas de fin de año. 

Estábamos afuera del Ateneo Fuente, escuchando a los líderes de esta marcha no muy concurrida cuando vi a una perrita sola y muy flaquita vagando entre la gente. Parecía muy social y muy confiada. Se dejaba tocar y de vez en cuando se paraba a medio bulevar entre los carros. Me dio miedo que la atropellaran y decidí darle agua y mantenerla cerca de mi. Claramente estaba perdida, acababa de parir y parecía hambrienta. La llevé conmigo para resguardarla (en papel de voluntaria de Brigada Rescate), pensé que con los fuegos artificiales como muchos otros perros se había salido de su casa. Por meses la anuncié en mis redes sociales, la caminé por la zona para ver si encontraba su casa o su camada pero no tuve éxito. En mi casa la bañamos, la esterilizamos, la vacunamos y la alimentamos muy bien para ponerla en adopción. Le puse un moño rosa y compartía las mejores fotos que podía tomarle. La gente se limitaba a decirme que “estaba fea” cuando la ofrecía, porque no era un cachorrito panzón, ni era de raza. Lo intenté todo. Mis papás ya encariñados por fin cedieron, los gatos tuvieron que aguantarse, y después de unas cuantas macetas destrozadas, la perrita sin nombre terminó quedándose en casa. 

Perris (no podíamos simplemente llamarla “Perro/a”) encontró a su mejor amigo; mi papá. 

Salen a caminar juntos todas las mañanas, van al rancho cada semana, disfrutan de las horas de carretera y ven series juntos para descansar. La perrita criolla resultó ser muy inteligente y se adaptó a nuestro estilo de vida, lleno de gatos, más rápido de lo que pensamos, y mis amigos en redes sociales son testigos.

Hace unos meses recibimos la invitación de Espacio Escénico (una compañía independiente de teatro musical) para que Perris participara en la obra de ‘Anita la Huerfanita’ que se estrenó hace dos semanas.  En la historia, Anita encuentra un perro callejero y lo adopta prometiéndole que cuidaría de él sin importar lo que pasara, por lo que Perris era la candidata perfecta. Gracias a ella Brigada Rescate pudo hacerse presente en el teatro y llevar el mensaje a la audiencia; una oportunidad o si quiera el beneficio de la duda para un animalito puede cambiarle la vida, y también a ti. No hay edad ni pretexto para no ayudar a los seres más vulnerables si somos sensibles y conscientes.  

Perris tuvo la suerte de ganarse el corazón de una familia entera, pero aún hay muchos más peluditos esperando su oportunidad en las calles. Nuestros peludos en Brigada Rescate ¡te esperan con las patas abiertas para conocerte! Puedes conocerlos o enviar algún donativo consultando nuestra página de Facebook “Brigada Rescate Saltillo”. Comunícate vía Inbox y síguenos también en Instagram y Snapchat. #JuntosDejamosHuella.