Ahí va otro florilegio de refranes, dichos y dicharachos recogidos por doquier y en otras partes.
 
 - Ahora con tambora, porque con violín se atora.
 Se dice por burla del que hace una cosa con torpeza, y que por eso cambia el modo de hacerla.
 
- Arriero que vende mula, o tira coz o recula.
Si vende es porque tiene algo malo.
 
- Cada día, asegurada,
harás una pendejada.
El día que no hagas dos
debes dar gracias a Dios.
 
- De abril y de la mujer todo se debe temer.
Quiere decir que en abril el tiempo cambia casi tanto como la caprichosa voluntad que los misóginos -y algunos que no lo son- achacan a las mujeres.
 
- Al pan pan y al vino vino, y los suegros por su camino.
Enseña que los suegros no deben intervenir en la vida de sus hijos casados, a no ser para ayudarlos, y eso si ellos lo piden. Dicho de otra manera: los suegros deben tener la bolsa abierta y el pico cerrado.
 
- De la cintura p’arriba todos podemos ser santos.
Lo difícil es no faltar a los dos mandamientos que tienen que ver con la carne. No la de comer.
 
- Ora sí se vende pulque, ya apareció la medida.
El autor oyó ese dicho con notable desagrado pues estaba cantando y tocando la guitarra en una reunión, y después de él cantó muy bien y se acompañó con la guitarra alguien que tañía con gran destreza el instrumento. A las primeras notas uno de los presentes incurrió en el delito de comparación y manifestó su entusiasmo con aquella expresión: “¡Ora sí se vende pulque, ya apareció la medida!”.
 
- El que canea no calvea.
Con ese otro dicho se consoló el escritor, pues si las nieves del tiempo platearon su sien, el proverbio le da esperanza de que por su canicie no sufrirá calvicie.
 
- El que va a mear y no se pee es como el que compra un libro y no lo lee.
Ninguna explicación merece este proloquio del vulgacho.