Ahí va otro florilegio de refranes, dichos y dicharachos que antes de la pandemia recogí por doquier y en otras partes.

 

- Ahora con tambora, porque con violín se atora.

Se dice por burla del que hace una cosa con torpeza, y que por eso cambia el modo de hacerla

 

- Arriero que vende mula, o tira coz o recula.

Si vende es porque tiene algo malo.

 

- Cada día, asegurada,

harás una pendejada.

El día que no hagas dos

debes dar gracias a Dios.

Esta traviesa cuarteta no necesita comentario.

 

- De abril y de la mujer todo se debe temer.

Quiere decir que en abril el tiempo cambia casi tanto como la caprichosa voluntad que los misóginos -y algunos que no lo son- achacan a las mujeres.

 

- Al pan pan y al vino vino, y los suegros por su camino.

Enseña que los padres políticos no deben intervenir en la vida de sus hijos casados, a no ser para ayudarlos si ellos lo piden. Dicho de otra manera: los suegros deben tener la bolsa abierta y el pico cerrado.

 

- De la cintura pa’ arriba todos podemos ser santos.

Lo difícil es no faltar a los dos mandamientos que tienen que ver con la carne. (No la de comer).

 

- Ora sí se vende pulque, ya apareció la medida.

El autor oyó ese dicho con notable desagrado pues estaba cantando y tocando la guitarra en reunión de rancho, y después de él cantó muy bien y se acompañó con la guitarra alguien que tañía con gran destreza el instrumento. A las primeras notas uno de los presentes incurrió en el delito de comparación y manifestó su entusiasmo diciendo aquello: “¡Ora sí se vende pulque, ya apareció la medida!”.

 

- El que canea no calvea.

Con ese otro dicho se consoló el escribidor, pues si las nieves del tiempo platearon su sien el proverbio le da esperanza de que por su canicie no sufrirá calvicie.

 

- El que va a mear y no se pee es como el que fue a la escuela y luego no lee.

Ninguna explicación merece este proloquio, bellaco por su ordinariez.