El Quijote II, 43

El célebre capítulo 43 de la segunda parte del gran libro cervantino, es el de las recomendaciones llamadas “consejos segundos” que don Quijote da a Sancho Panza antes de partir éste a la Ínsula Barataria, que habrá de gobernar.

Como son tantos los consejos que su amo le da, el escudero le dice que si bien “son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué han de servir si de ninguna me acuerdo?” Y pide que se los ponga por escrito. Luego don Quijote le hace ver que también es inútil si no sabe leer ni escribir, porque Sancho era analfabeta.

Sancho trata de minimizar su limitación.  Explica que sabe firmar, pues en su aldea “cuando fue prioste” (miembro de rango en una cofradía) aprendió a hacer unas letras “que decían que decía mi nombre”, y suelta al efecto una letanía de refranes para apoyar lo que dice, y remata así: “siendo gobernador y justamente liberal, como lo pienso ser, no habrá falta que se me parezca. No, sino haceos miel, y paparos han moscas; tanto vales cuanto tienes, decía mi agüela, y DEL HOMBRE ARRAIGADO NO TE VERÁS VENGADO”.

¿Qué quiso decir Sancho al invocar este último refrán? Antes de ofrecer una explicación procede señalar que aparentemente Cervantes reformuló el proverbio, que en su tiempo decía: “Del hombre heredado no te verás vengado”, o “Del hombre reglado no te verán vengado” y “Del hombre regalado no te verás vengado”.

Las cuatro voces: arraigado, heredado, reglado (templado u ordenado) y regalado tenían una cierta equivalencia hacia finales del siglo XVI y principios del XVII.
En consecuencia, de un hombre poderoso, rico y aun templado o prudente, difícilmente alguien se puede vengar. Ocurre lo contrario cuando se trata de un pobre o desventurado, del que cualquiera fácilmente se venga. Así lo explicó Sebastián de Horozco, contemporáneo de Cervantes, hacia finales del siglo XVI.

Antes de citar el refrán que se comenta, Sancho menciona otro: “haceos miel, y paparos han moscas”, que veremos mañana.