Son más las escopetas que los patos.

El grito se convirtió en clamor. La capacidad de elección quedó rebasada. Las opciones ya no son solo en encrucijadas o en bifurcaciones dilemáticas. Ahora se abre un abanico de posibilidades en cada momento de decisión. Si se trata de alimentos, de diversiones, de elección de carrera, de lecturas o de ocupaciones, de compras o de viajes... da la impresión de que siempre la información que logra captarse es inferior a lo que podría conocerse.

“¿Qué beca vas a aprovechar?” “Todavía no decido si ir a España, a Bélgica, a Canadá o a Inglaterra”. “¿Qué carrera vas a seguir después de prepa?” “Pues estoy pensando si Mecatrónica o Biología Marina, Maestro de idiomas o Aeronáutica”. El estudiante de esta época trata de adivinar sus talentos y queda perplejo frente al desfile de sus aficiones y sus aptitudes. Ante la pluralidad y diversidad de ofertas, su reducida demanda acaba por escoger “lo que sea” o imita lo que otro escogió o deja que Google o la empresa o el amigo tomen la decisión para llenar, por ejemplo, un tiempo libre en un fin de semana.

En estratos sociales en que se multiplican las limitaciones, se sigue teniendo el panorama en blanco y negro. O el pinto o el colorado, cara o cruz, águila o sello, el campo o la ciudad, estudiar o trabajar, la fábrica o la vendimia callejera y, en caso de enfermedad: el seguro o... la curandera, la medicina o la hierbita...

En el rompecabezas nacional parecen vigentes todas las épocas de la historia, desde la tribu originaria hasta la postmodernidad, pasando por situaciones pre-independientes, pre-revolucionarias y pre-reformistas. Se puede ascender por la escalera desde el analfabetismo hasta las licenciaturas, maestrías y doctorados o en vivienda se puede escalar desde la choza hasta las residencias de lujo y los rascacielos.

Parece un gran avance y óptimo progreso el que puedan venir, en multitud, las opciones posibles pero la oferta agigantada hace ver, como pigmea, a la demanda miope sin visión panorámica. Las comparaciones se concretan a lo más próximo, a lo que pida menos esfuerzo, a lo que se conoce como más aceptado o más vendido. La opinión de algunos usuarios confiables basta para evitarse la meticulosidad de un análisis de pros y contras. Aunque las decepciones se multiplican cuando se experimenta el contraste de la realidad con las exageraciones de la publicidad.

Algún apartado de la educación ha de estrenar una especie de c-ú-b-i-c-o (léase curso básico de capacitación y orientación) para que los que reciben título o estrenan profesión ya lleven los recursos y los instrumentos para no quedarse perdidos y mareados frente a las policromías y las estridencias de la obesidad publicitaria. Y que la gente sencilla tenga el suficiente colmillo para no morder en hueso.

Sobriedad, templanza, moderación como estilo de vida. En el centro virtuoso, que se aleja de los extremos viciosos de despilfarro y de tacañería. Podrá aparecer una demanda sin voracidad. Se disminuirá así una oferta desbocada y deshumanizada... sabiendo que vamos, de paso, hacia una esplendidez sin fin...