La aceptación de una tesis que proponga la existencia de un mercado libre en la más amplia acepción del término, léase la tolerancia de un neolibertinaje económico del poder político en perjuicio de quienes se encuentran cautivos o excluidos de los esquemas de distribución del ingreso; la pretensión siempre miope de los creyentes en las bondades de un darwinismo social montaraz, un darwinismo mercantil ignorante de las diferencias, las capacidades y el talento concurrente entre los hombres, no puede sino conducir en México y en América Latina al enfrentamiento verbal, a la fractura del diálogo, y posteriormente al derrumbe de las propias estructuras políticas y sociales que demostraron su inutilidad para mantener un puente por el que pudieran cruzar, sin retirarse el saludo, los integrantes de una comunidad civilizada.

Una sociedad, ya lo decía Revel, será más longeva mientras más problemas resuelva y más perecedera en tanto más se resista al cambio y a la evolución.

El comunismo siempre se impuso por la fuerza de las armas, jamás en una elección libre y democrática: nunca nadie votó por la supresión de la libertad de prensa ni por el encarcelamiento, la tortura o el fusilamiento de personas llamadas presos políticos, ni por la eternización de un tirano en el cargo, un usurpador, que dirigiera al país a su antojo de acuerdo a sus estados de ánimo sin limitación legal o social alguna, ni por un sistema que prohibiera las elecciones políticas o las manipulara ilícitamente traicionando la voluntad popular.

No, nunca nadie votó por la desaparición de “quien pensara peligroso…”, ni por quien violara los más elementales derechos humanos, impartiera justicia selectiva, derogara el Estado de derecho, ni por quien pretendiera ejercer el control de la información ni por la existencia de espías infiltrados en diversas capas de la sociedad, delatores profesionales que obtienen recompensas por detectar a los “enemigos de la revolución”. No, nunca nadie eligió a un dictador que fuera al mismo tiempo el Poder Judicial, el Poder Ejecutivo. el Poder Legislativo, la prensa “libre” y la policía secreta.

En el comunismo no se conoce la autonomía universitaria ni la libertad de expresión oral ni escrita, ni se da la libertad de pensamiento ni de cátedra ni de libre tránsito ni de empleo ni de asociación, ni se respetan las más elementales garantías individuales. No existe la propiedad privada, cualquiera puede ser privado de la libertad y de sus bienes sin mediar un mandamiento escrito emitido por autoridad competente. Cuidado con los sujetos siniestros que apoyan estas formas de convivencia apoyadas en el terror.

El comunismo es un sistema de gobierno totalitario, hoy convertido en un cáncer social que ha exterminado a millones de personas en el mundo. ¿Qué tal los millones de muertos a raíz de los procesos de colectivización de la tierra en los años agónicos del stalinismo, o las decenas de millones de ejecutados durante la Revolución Cultural china, o los fusilamientos masivos en las cárceles castristas, o los balseros que preferían huir en balsas improvisadas con el peligro de perecer ahogados o devorados por los tiburones caribeños antes de seguir soportando el “paraíso” cubano, entre otras tantas catástrofes?

¡Cuidado con los objetivos perseguidos por el Foro de São Paulo, fundado hace casi 30 años, para impulsar al Partido Comunista de Cuba y que en nuestros días aglutina a diversos países del hemisferio sur, además de políticos, intelectuales, artistas y diversas organizaciones sociales para convencerlos de las ventajas de un suicidio comunista colectivo, muy aplaudido, por cierto, por los banqueros y desarrolladores inmobiliarios yanquis, en el entendido que a más tiranos en América Latina más dólares reciben en sus arcas y tesorerías para lucrar con el pánico financiero de los propietarios de los recursos y cooperar así al desarrollo de Estados Unidos, los auténticos beneficiarios de la expansión comunista!

No nos confundamos: el principal objetivo de las izquierdas comunistas en América Latina es el control absoluto del poder. Entrañan, como alguien lo dijo mejor que yo, una “bandidocracia”. Basta con conocer la fortuna de Fidel Castro, consignada en la revista Forbes, uno de los hombres más ricos del mundo, o la inmensa riqueza de las hijas de Hugo Chávez o la del propio Maduro.

¿América Latina debe someterse a una terrible purga política y social como la administrada a Venezuela para no volver a caer en la tentación comunista? ¿Somos incapaces de aprender de la experiencia ajena? A los comunistas se les debe destruir ideológicamente, acabarlos con arreglo a las ideas inoculadas en la sociedad para demostrar los beneficios de la libertad y de la democracia, el gran vivero en donde se desarrolla lo mejor del género humano. Sí, pero cómo lograrlo en países con índices paupérrimos de lectores y altos niveles de desesperación social, en donde se cree a pies juntillas en las “ventajas del populismo”?

Lamentablemente López Obrador va adoptando día con día, todavía con alguna discreción, los principios del Foro de São Paulo, ante una sociedad mexicana pasmada e inmóvil, en tanto el inquilino de la Casa Blanca empieza fruncir el ceño y recuerda aquello de: ¡Ah, mecsicanous…! ¿Una dictadura comunista en México…? Let´s see…

@fmartinmoreno