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Ante la posible reducción de tasas y bases impositivas, los incentivos fiscales y el incremento en gasto público, se prevé déficit fiscal que pueda impactar el nivel de precios

Aparte de incrementar en 0.25% la tasa de interés de referencia al ahorro –de 0 .50  a 0.75- la FED de Estados Unidos  anunció tres posibles incrementos en 2017, lo cual indica previsión ante las promesas del populista de derecha electo presidente de ese País, es decir que, ante la posible reducción de tasas y bases impositivas, los incentivos fiscales y el incremento en gasto público, se prevé déficit fiscal que pueda impactar el nivel de precios.

Nuestro país en primera fila ante el efecto Donald Trump,  porque a pocas horas del anuncio referido el Banxico incrementó en medio punto la tasa de interés de referencia al ahorro (hoy en 5.75%) para retener la salida de capitales y evitar depreciación acentuada del peso (ya en nivel superior a 20.50 pesos por dólar); además que el nivel inflacionario no se dispare ya que se han incrementado los costos de importaciones que tienen un impacto negativo en los precios. Además, el banco central recomendó reducir aún más el gasto federal.

El impacto en la economía mexicana será negativo en 2017, porque el costo del dinero se incrementará en toda la oferta crediticia: de corto plazo (tarjetas de crédito), hipotecario y de negocios, lo que implica menos inversión y reducción en contratación, además –otra vez- PIB alrededor de 2%.  Esto presupone relativa dependencia en la inversión extranjera cuyos costos se reducen por la depreciación, sin embargo el temor por factor Trump está latente.

Lo anterior evidencia la globalización (expansión del capital con mínimas restricciones y barreras, pero asimismo reducción del ingreso real –sueldos y salarios- de la población) y la dependencia económica entre regiones y países, sobre todo la economía mexicana respecto a la estadounidense. 

En más de 30 años de neoliberalismo, los tomadores de decisiones de política económica apostaron fundamentalmente al intercambio geográficamente natural con el vecino del norte, sin percatarse que la economía tiene ciclos de ascenso y descenso –ni lo estudiaron ni lo aprendieron, cuya causa está en la producción e intercambio de mercancías, ciclo que se deben prever para planear efectivamente, además que también los sucesos políticos y sociales pueden afectar negativamente la economía, como  las elecciones en Estados Unidos.

Los yupies neoclásicos erróneamente pensaron que, en el contexto del “fin de la historia” y la caída del sistema soviético, el libre mercado sería el modelo presente y  futuro y que resolvería todos los problemas, pero no ha sido así, más aún la problemática económica, política y social se ha agudizado en México y el mundo.

Gestada desde principios de este siglo y que explotó en 2008, la crisis económica aún no se supera.  Es sintomático que la tasa de interés de referencia de nuestro país en  5.75% (y podría elevarse más) ya prácticamente es igual a la de 2009, de 6%, que en ese año se incrementó precisamente para hacer frente a la crisis desatada por las hipotecas no pagadas en Estados Unidos, con sus resultados negativos en producción, empresas de seguros, en especulación, drástica caída financiera  y en depreciación de monedas, como el peso mexicano.

Sin el efecto Trump, de años atrás la relación económica México-EU ya se encontraba en situación de debilidad sin alternativas reales de mediano plazo. Pero por mucho tiempo  políticos y analistas al servicio del capital desdeñaron la relación económica con América Latina y con China e India y su eje asiático de influencia, con argumentos tan simplistas como el subdesarrollo de países hermanos y la lejanía territorial. Aun en un periodo de recesión mundial, la situación actual coloca al país en oportunidad de explorar estos espacios de intercambio para una ganancia recíproca: con lo que se pueda, como se pueda y hasta donde se pueda.