“… los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son a perpetuidad propiedad única y exclusiva del pueblo mexicano!

Les dejo la misión de no permitir que vuelva a caer en manos de extranjeros.

El resto de las especulaciones al respecto son traición a la patria. Industrializar el país no implica una subasta pública de nuestros recursos naturales, ni la entrega indiscriminada del patrimonio de la patria”.

Adolfo López Mateos, 27-09-1960

 

La reciente contingencia en el suministro de energía eléctrica muestra dos realidades evidentes: la herencia de un régimen político gerencial desprovisto de toda visión patriótica y social, cuya base ideológica y técnica el libre mercado; y la gran dependencia de nuestro país respecto al gas como energético fósil para dinamizar la economía y la vida diaria de la población.

Si México es un país con amplias reservas de hidrocarburos ¿por qué es dependiente respecto al gas natural para generar energía eléctrica en la Comisión Federal de Electricidad? Porque en el anterior régimen gerencial y de supuesta eficiencia (PRI y PAN), consideraron mejor su importación con eventuales precios bajos, antes que producir en el país -aparte de contratos leoninos para favorecer intereses económicos-.

La dependencia gasífera con el exterior es hasta 80% respecto a la generación de electricidad, de la cual 70% proviene de Estados Unidos (de 24 tomas, 15 se ubican en Texas); además, ventajosamente para las empresas, por los contratos absurdos, de entre 15 y 25 años promedio, se pagan 135 mil millones de pesos anuales por 135 mil millones de pies cúbicos diarios, pero sólo se utilizan ¡2 mil 337 millones de pies cúbicos diarios! (Miguel Reyes Hernández, director general de CFEnergía y de CFE Internacional. La Jornada, 19-02-21). Contraproducente relación con el socio comercial.

Por tormenta invernal y muy bajas temperaturas en Texas, del 15 al 19 de febrero fueron días de incertidumbre en abastecimiento de electricidad y la CFE debió acudir a Pemex para solventar las necesidades de gas, que debió importarse como gas licuado -mezcla-. Por demanda el incremento de precios del gas natural fue hasta de 300%, incrementando el costo en 20 mil millones de pesos (según Reyes Hernández).

Las energías renovables son intermitentes y no acumulables (eólica y solar) y dependen del entorno climatológico -como en días recientes-, de esta manera el uso de energéticos fósiles aún es necesario, pero en este tipo de contratos también se favoreció a empresas privadas “sustentables” para sus ganancias: entreguen o no energía eléctrica, se paga lo acordado y con costos mínimos -o nulos- por el uso de líneas de transmisión de CFE. Decenas de empresas generadoras, renovables o no, tienen tarifas subsidiadas, lo cual representa 45 mil millones de pesos al año para la paraestatal (La Jornada, 19-5-20).

En conclusión, no existe la soberanía energética prometida por los anteriores gobiernos de derecha y ahora se debe hacer frente a tan pesada herencia neoliberal, incluso en tiempos de pandemia en que el presupuesto debe estar dirigido más al sector salud y a dinamizar la economía con gasto en infraestructura productiva y transferencias sociales para impulsar demanda agregada en la parte de consumo.

La eventual falta de previsión de un evento climático por parte de los directivos de la Comisión, para el almacenamiento de gas natural (aunque la infraestructura alcanza sólo para cinco días), y de la Secretaría de Hacienda de no obtener seguros de cobertura ante los incrementos de precios del gas natural, pueden percibirse como errores de proyección, pero asimismo como estrategia política para evidenciar la grave situación económica del país y de las finanzas públicas, que son resultado de decisiones económicas del pasado reciente de México, cuando se eliminó el concepto “estratégico” y la condición de “seguridad nacional” a las empresas paraestatales de energía y también, en gran parte, por contratos que favorecen a poderosas empresas nacionales y trasnacionales. 

En extremo riesgoso fue reducir 49% la producción de gas en los últimos 10 años e incrementar 3.75 veces la importación del energético y “cualquier fenómeno […] nos pone de rodillas” (Rogelio Montemayor. Vanguardia, 18-02-21). Por ahora no hay soberanía energética. Los tecnócratas redujeron la participación del Estado en la economía y lo envolvieron de corrupción.