“La paz sólo puede durar cuando se respetan los derechos humanos, cuando las personas tienen qué comer y cuando los individuos y las naciones son libres”. Dalai Lama.

Sobre derechos humanos se ha escrito mucho, más cuando se desata un conflicto o bien un escándalo; sin embargo, se ha transitado por el camino del respeto.

En el ámbito legislativo se puso de moda reformar nuestro marco jurídico para establecer de forma clara y directa los derechos humanos que tienen quienes pisan suelo mexicano, desde la Constitución Política Federal hasta los reglamentos de orden municipal, todos tienen como eje rector el reconocimiento de los derechos humanos.

Actualmente enfrentamos una era en la que el ciudadano ejerce una parte importante de la vida política del País, recordemos que hasta hace algunos años la voluntad ciudadana parecía no tener peso en la conformación del gobierno.

Ahora, gracias a la tecnología, a las telecomunicaciones e incluso a las redes sociales, los ciudadanos ejercemos un papel mucho más activo en las decisiones de gobierno y, por supuesto, en el ejercicio y disfrute de los derechos humanos.

Un ejemplo claro, del ejercicio libre del que disfrutamos actualmente, lo encontramos en la libertad de manifestación.

Más allá de si es correcto o no, lo cierto es que las manifestaciones feministas han dejado por saldo la necesidad de atender el problema, pero además han servido para reflexionar sobre la libertad de la que gozamos las mujeres actualmente.

No hablo sobre la solución del problema, sino sobre la oportunidad de expresarlo, el feminicidio no es nuevo, miles de mujeres han sido asesinadas a lo largo de los años, pero ahora gracias a ejercer el derecho de expresión y manifestación, las mujeres podemos salir a la calle a gritarlo.

Claro, esto no ha surgido por generación espontánea, tener la libertad de expresión y manifestación ha pasado por un largo camino de evolución y de varios claroscuros en la historia de México (2 de octubre no se olvida).

Por otra parte, no podemos ignorar el hecho de que los ciudadanos exigen cada vez con una voz más fuerte que las autoridades aseguren el libre ejercicio de los derechos humanos y, aunque continúan las asignaturas pendientes, es innegable el avance.

Finalizo la reflexión señalando que la meta aún está lejos mientras no haya justicia y mientras no se aplique la le; en tanto todos los ciudadanos no estén en igualdad de circunstancias para ejercer sus derechos la lucha debe continuar; es menester aprender de los errores y trazar el rumbo hacia un México en donde los derechos humanos sean una realidad tangible y no solamente letra en una ley. Para hablar de un estado de derecho debemos partir de una garantía de los derechos humanos.

Al hablar de progresividad nos referimos a que el Estado ponga metas a corto, mediano y largo plazo para hacer efectivo el goce de un derecho, en este caso concreto ya se ha avanzado sobre varios derechos en estos movimientos, concretamente el derecho a la libertad de expresión, reunión y participación política.

El Estado se sitúa en una posición de garante de los derechos humanos, de la cual surgen obligaciones fundamentales para su protección y defensa, que implica el deber de asegurar la vigencia, el goce y disfrute de estos derechos esenciales, procurando los medios jurídicos, políticos e institucionales adecuados de protección. Y un camino para empezar al alcance de todos los ciudadanos es  mediante la interposición de Quejas  ante las Comisiones de Derechos Humanos, ya que las recomendaciones hacen posible en gran parte la progresividad de los Derechos Humanos.

Lic. Mayela Siller

Directora jurídica del Programa Aliados Contigo

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