La generosidad de un torneo impredecible podría premiar con una clasificación las ondulaciones que ha tenido Tigres en la actual campaña.

No es tan descabellada la teoría. Tigres no sólo le bajó los humos a Chivas y dio la campanada de la jornada de media semana.

Sino que el efecto del triunfo lo colocó a un paso de colgarse con los dedos de, hasta hace poco, una impensada Liguilla.

Es más, de conseguir un triunfo mañana ante Pumas, lo perfilará seriamente con dirección al objetivo. Esto es Tigres, un equipo que no anuncia lo que quiere, sino que más bien lo consigue. Si le alcanzará esta vez, no se sabe.

Tigres recuperó el gol, pero sobre todo a Gignac, entre otras buenas notas individuales. Como puede que sea un nuevo espejismo o un tardío despegue del campeón.

Dentro de ese contexto, su desafío es dar más certezas. Tiene todo por ganar y una Final internacional en el mapa. Está en un momento decisivo para su rumbo y que sólo demanda regularidad, casualmente, de lo que ha carecido.

Distinta es la situación de Rayados, pero no menos estresante. Monterrey rescató un punto en su visita al Santos, pero dejó algunos interrogantes por ciertas depresiones que experimenta en los partidos.

Rayados empató porque su ataque es distinto, pero también pudo haber perdido por una defensa aturdida y desestabilizada. A veces, el desequilibrio lo hace ver como un equipo ordinario y vulnerable.

Visitará el domingo al líder Toluca y después esperará a Tigres con el riesgo de perder algo en el camino, desde puntos hasta revoluciones. Aún le falta un tramo para asegurar un buen lugar en la Liguilla, pero también para convencer que está listo para cosas mayores.