Enferma. Leticia está postrada en su cama, esperando, esperando, esperando, aguantando el dolor como espina enterrada. Fotos: JESUS PEÑA
Hace tres meses que la Secretaría de Salud le prometió someterla a un eco pélvico contrastado para ver si le podrían operar el absceso, pero no le ha cumplido

Esperando, esperando, esperando, así se la vive Leticia Mireles Aguilar postrada en una cama, debajo de su tejabán de tabla y cartón, plantado en un terreno sin servicios de la colonia Morelos Quinto Sector.

Ya son muchos los días que Leticia, 43 años, lleva acostada en su lecho, soportando el dolor, como espina enterrada, que le causa un tumor que le explotó en la entrepierna, consecuencia del cáncer de colon que padece desde hace seis años.

Hace tres meses que la Secretaría de Salud le prometió someterla a un eco pélvico contrastado para ver si le podrían operar el absceso, pero no le ha cumplido.

Y lo único que puede hacer Leticia es esperar, esperar, esperar, tumbada en la cama, con el dolor clavado en el centro de su cuerpo.

Y qué más puede hacer, si un estudio de esos, por fuera, vale como 21 mil pesos y Leticia no está trabajando, ¿cómo?, si apenas y se levanta algunos días para dar unos pasos, cuando el dolor la deja en paz, pero…

Situación. Cuando fue diagnosticada no sentía dolor y dejó el tratamiento.

Antes, se podía mover mejor Leticia y se ponía a hacer tamales y comidas para costearse los gastos de sus medicamentos y estudios, ahora ya no puede.

Leticia es la madre sola de cuatro muchachas a las que sola crió y sacó adelante, trabajando de sol a sombra.

Un día de hace tres años empezó a sentirse mal, a tener dolores de estómago, del vientre.

Que era colitis le dijo el médico y que era colitis y colitis…

Ya con el tiempo otro doctor le diagnosticó cáncer de colón y ahí principió su tragedia.

Es redundante decir que Leticia se derrumbó, que se le vino el mundo encima, y todos esos clichés que se dicen en estos casos, pero sí, Leticia se derrumbó y el mundo se le vino encima.

Entonces Leticia fue sometida a 25 quimioterapias y 25 radioterapias.

Que le iban a quitar cinco órganos de su cuerpo, le anunciaron y ella se espantó…

“Pero como a mí no me dolía nada ni tenía temperatura ni tenía nada, ya no me presenté en el hospital porque dije ‘no me duele nada de los órganos que me van a quitar y si me los quitan… si no me muero de la enfermedad me voy a morir de todo lo que me va a faltar y ya no me arrimé… Ahora me explotó el tumor en una pierna”.

Y ahora… está en esta cama de colcha de cuadritos, tapada, hasta la cabeza, con una cobija liviana, clamado por ayuda, que le ayuden.

Leticia cuenta que hace algunas semanas, ya entrada la pandemia, estuvo internada casi un mes en el Hospital General.

Iban a realizarle un eco pélvico contrastado para verificar si el tumor que le explotó en la entrepierna había dañado otros órganos y con eso determinar si la podían someter a una cirugía salvadora, pero nada.

Los galenos la mandaron de vuelta a su casa, mejor dicho a su tejabán, dijeron que para evitar que se contagiara de COVID.

“Volví al hospital hace 15 días porque se me volvió a hinchar el tumor y me están pidiendo un eco pélvico contrastado”.

Salieron con que no tenían el equipo, las máquinas, para hacer ese examen y que no… y que no … y que no…

Desde entonces ya no han vuelto a llamarla.

La familia de Leticia preguntó por el costo de este estudio en un hospital privado de la ciudad y le dijeron que vale 21 mil pesos.

Imposible, casi un sueño…