Miles de alumnos que ya han abandonado sus estudios en este momento lo han hecho obligados por la necesidad de convertirse en fuentes de ingreso para sus familias

La educación, como lo demuestran todos los estudios realizados alrededor del mundo, constituye la principal herramienta de movilidad social para quienes nacieron en un hogar pobre. Acceder a ella no garantiza el éxito, es cierto, pero no contar con esta herramienta ciertamente dificulta –y acaso vuelve imposible– el progreso para cualquier persona.

Por ello, una de las principales responsabilidades de una sociedad democrática es la de garantizar a todos sus miembros, independientemente de su condición social, pero especialmente si son pobres, el acceso a una educación de calidad que les prepare para la competencia laboral.

Se trata de un principio que no podemos olvidar nunca y de una meta que debemos perseguir sin descanso ni tregua. No importan las circunstancias ni la situación económica del País: apostarle a la educación siempre será la mejor forma de superar las adversidades colectivas.

El comentario viene al caso a propósito del preocupante reporte que incluimos en esta edición, relativo al abandono de sus estudios por parte de unos 12 mil estudiantes del nivel básico y superior en Coahuila, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Educación de la entidad.

El titular del ramo, Higinio González Calderón, ha dicho que los miles de alumnos que ya han abandonado sus estudios en este momento lo han hecho obligados por la necesidad de convertirse en fuentes de ingreso para sus familias, agobiadas por la crisis económica provocada por la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2.

“En el caso de los jovencitos, hay quienes siempre ven la oportunidad de ganar dinero, irse a trabajar o ayudar a los padres y con eso dejar la escuela, mientras que en los más pequeños sucede lo mismo: sus padres los sacan de la escuela y se los llevan a trabajar o se los llevan a las entidades de las que venían”, ha dicho el funcionario.

Lo peor de todo es que el asunto no termina aquí pues, como ya se ha informado antes, en Coahuila se corre el riesgo de que decenas de miles más deserten de la escuela durante los próximos meses, elevando la cifra hasta más de 100 mil, porque se trata de estudiantes que no cuentan con las herramientas tecnológicas para atender sus clases.

No estamos hablando de estadísticas o de número fríos, sino de proyectos de vida que pueden verse truncados por las circunstancias actuales. Y, como sucede en cualquier catástrofe, son los más pobres los que terminan sacando la peor parte.

Ya han desertado más de 12 mil alumnos de las escuelas coahuilenses. ¿Qué vamos a hacer para que esa cifra no se incremente más, ni termine haciendo bueno el terrible pronóstico que ha sido expuesto por las autoridades educativas?

Los tres órdenes de gobierno tendrían que estar trabajando en este momento en explorar estrategias que respondan eficazmente a esta pregunta, so pena de dar paso a la concreción de una auténtica tragedia social en nuestras comunidades.