Fotos: Especial
Seis lugares que incluso los ateos suelen visitar. Más allá de su belleza arquitectónica o paisajística, su historia emociona incluso a los que no creen

Por: OMNIA

Carmen Bouthelier

Cada año millones de personas aprovechan sus días de vacaciones para visitar nuevos destinos, conocer otras culturas o volver a lugares en los que se han sentido conectadas con la espiritualidad. 

Solo durante 2017, revelan los datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), viajaron 4 mil 100 millones de personas. Y esta cifra solo se refiere a los desplazamientos en avión.
De todas las personas que viajan cada año, más de 300 millones lo hacen para visitar enclaves religiosos o lugares cargados de una fuerza espiritual muy especial.

Los motivos pueden ser diversos, desde encontrar la paz interior hasta visitar los templos como parte de un interés arquitectónico. 

Hemos recopilado información sobre seis de esos enclaves para tratar de entender su relevancia. Los destinatarios de esos lugares buscan inspiración y experiencias intensas. He aquí la descripción de estos singulares destinos.

Shwedagon Paya  
La meca del budismo 

Es el lugar más sagrado de Birmania. Se trata de un complejo budista situado en la ciudad de Rangún, y en cuyo centro se eleva una aguja bañada en oro que, con sus 100 metros de altura, parece tocar el cielo. Sin embargo, por impresionante que parezca, no es este el principal motivo de peregrinación religiosa a este sitio, sino lo que alberga en su interior.

El lugar se adoptó hace 2 mil 500 años, después de que dos hermanos comerciantes conocieron a Siddharta Gautama (Buda) quien les regaló un mechón de sus cabellos, que decidieron llevar a un pequeño santuario donde ya se guardaban otras reliquias de tres Budas anteriores. Y para albergarlas todas juntas decidieron construir un recinto. Se dice que el día que se trasladaron los cabellos de Gautama Buda, los sordos oyeron y los mudos hablaron. Fue entonces cuando se decidió edificar la cúpula y la gran aguja de oro que corona el complejo, para contener todos los poderes de las reliquias budistas.

Benarés y el río Ganges   
En la India

Las aguas del río Ganges nacen en la cordillera más alta del mundo y fluyen hasta llegar a la ciudad de Benarés, en la India, después de recorrer cientos de kilómetros por frondosas laderas, tierras de cultivo aradas por vacas y centros de peregrinación abarrotados de creyentes. 

Son aguas sagradas que a su paso por esta ciudad se convierten en el lugar perfecto para bañarse en ellas y —según el hinduismo— limpiar los pecados.

La ciudad, que se yergue en una de sus laderas, es un entramado de estrechas callejuelas en las que se levantan un sinnúmero de templos. Todo en ella gira en torno al Ganges y al baño de purificación de sus devotos.

Hasta tal punto llega la veneración por este río que se ha convertido en la primera entidad no humana en tener los mismos derechos legales que las personas. Ganges es el hijo de la diosa Ganga a quien se le ordenó bajar de los cielos para purificar a los humanos.

El Monte del Templo y la Ciudad Vieja  
En Jerusalén

En la Ciudad Vieja de Jerusalén, un laberinto amurallado de piedra caliza y un mar de vestimentas variadas rodea al caminante, desde kipás y túnicas, hasta chales con flecos, hábitos monásticos, pantalones vaqueros y gorras de beisbol. 

Aunque pueda sorprender, el amplio abanico de visitantes no es extraño. Esa ciudad es sagrada para las tres principales religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. De hecho, los 3.6 millones de turistas que visitan el lugar lo hacen por motivos religiosos.

Para los judíos, el Monte del Templo fue fundamental en la Creación. Según sus creencias, fue en esta elevada zona de la Ciudad Vieja donde Dios tomó el barro con el que modeló a Adán antes de ser convertirlo en humano. Y fue desde allí que Jesús desafió a las autoridades que finalmente le crucificaron.

Para los musulmanes, este lugar es uno de los más sagrados del islam. Fue allí donde el profeta Mahoma inició su viaje nocturno hacia el Paraíso.

Los templos de Fushimi Inari

En Kioto, Japón Un pasillo de arcos rojos serpentea hacia arriba de la montaña, como una vena que une los templos de Fushimi Inari en la cima del monte. Cada uno tiene una inscripción con caracteres Kanji, donde se inscriben las plegarias de buena suerte de los benefactores que dieron dinero para que se construyeran los arcos.

En la parte baja de la montaña y tras perder de vista los arcos, descansa Kioto, el centro espiritual de Japón. Esta urbe, que durante siglos albergó el poder cultural y político del país, ha sufrido varios incendios, terremotos y guerras; y, sin embargo, es una de las mejor conservadas del país.

Paseando por sus calles se pueden visitar más de 2 mil sitios religiosos: 1,660 templos budistas, 400 sintoístas y 90 iglesias cristianas.

Los Moais
De la Isla de Pascua 

En pleno océano Pacífico, a 3 mil 700 kilómetros de la costa chilena se encuentra lo que probablemente sea uno de los mayores enigmas de la Tierra: las estatuas de la isla de Pascua, un islote desierto en el que lo único que queda de su civilización, que desapareció tras quedarse sin alimentos y sin otros recursos naturales, son gigantescas cabezas de piedra.

Los isleños tallaron 900 de esos gigantes, que miden entre 2 y 20 metros de altura y llegan a pesar 40 toneladas. Después los trasladaron a la costa y los pusieron mirando al mar. Hasta ahora no hay ninguna explicación de cómo lo lograron ni por qué lo hicieron (tal vez una manera de alertar que en la isla vivía gente que necesitaba ser auxiliada).

Algunos de los Moais, que es como se llaman las esculturas, siguen de pie mirando al horizonte, como si el tiempo no hubiera pasado. 

Saut-D’Eau
El templo vudú en Haití  

Voces,canciones y gemidos se mezclan con el sonido del agua al caer de las alturas. Este lugar se encuentra en medio de uno de los países más pobres del mundo: se trata de Saut-D’Eau (Salto del Agua), en Haití, donde los practicantes del vudú acuden a bañarse en las aguas sagradas de esa cascada.

Los primeros habitantes de esta isla eran esclavos traídos de África que fueron obligados a abandonar sus creencias, lo que les llevó a disfrazar a sus deidades de santos cristianos. Así nació el vudú haitiano, cuyo dios creador es Bondye (del francés bon dieu o buen dios).

Saut-D’Eau se convirtió en un lugar de peregrinaje después de que en 1849, según los creyentes, se apareciera de manera repetida una mujer desnuda sobre lo alto de la cascada, que invitaba a bañarse en sus aguas.