ESMIRNA BARRERA
En México cotidianamente se libran terribles realidades que atentan en contra de la dignidad d ellos infantes

Esta semana se celebrará en México el día del niño, dedicado a la comprensión de la infancia, pero pregunto ¿habrá algo que celebrar? Si “México ocupa el primer lugar, entre los 33 países de la OCDE, en violencia física, abuso sexual y homicidios cometidos en contra de menores de 14 años”; si “estudios recientes señalan que actualmente alrededor de 4 millones de infantes se encuentran en situación de alta vulnerabilidad y riesgo”.

Atentado

El martes 9 de octubre de 2012, una espantosa noticia conmovió al mundo entero: la pequeña Malala Yousafzai, de apenas 15 años de edad, fue brutalmente baleada en la cabeza por los talibanes, por esos extremistas islámicos que aún continúan atentando en contra de la dignidad de las personas, principalmente, de las mujeres.

Según el relato policial difundido por las agencias de noticias “Malala apenas iba a abordar el autobús de regreso a casa a la salida de su escuela en Mingora, la capital de la comarca del Swat, cuando un barbudo preguntó por ella y tras identificarla, le disparó, desgraciadamente otras dos niñas también resultaron heridas”.

Malala milagrosamente se recuperó y pudo llevar su voz desde el remoto valle en el norte de Pakistán a todo el mundo y hoy “por su combate contra la opresión de los niños y de los jóvenes, y por el derecho de todos ellos a la educación”, se ha convertido en la persona más joven en ser condecorada con el premio Nobel de la Paz, por ello es ya un símbolo global de la protesta pacífica en contra de la guerra, la injustica, la discriminación y el abuso del poder.

Ejemplo

Malala ha sido ejemplo de lucha, valentía, voluntad para todos, especialmente para esos jóvenes que viven en un mundo acomodaticio y artificial ignorando la pobreza, el abandono, la discriminación y el atropello a la dignidad humana que padecen millones de personas en México, especialmente las mujeres, los niños, los ancianos, los indígenas y todos aquellos seres humanos que injustamente son considerados “diferentes”, desiguales. Inferiores.

ESPECIAL

Cáncer

Malala, testimonio de protesta pacífica, nos recuerda que no solo hay injusticias y barbaries en la alejada Paquistán, sino también en México cotidianamente se libran terribles realidades que atentan en contra de la dignidad de las personas, como es el caso de los miles de niños que son reclutados por los cárteles de las drogas o que trabajan en zonas rurales en campos de amapola y marihuana, o que son obligados a formar parte de las autodefensas o de las denominadas policías comunitarias.

Muchos de esos niños y jóvenes (de ambos sexos) terminan torturados, asesinados o desaparecidos.

Esta situación no solo debería indignarnos sino nos convoca a gestar el valor necesario para alzar la voz a fin de que se haga justicia; nos reclama exigir a las autoridades, de todos los niveles de gobierno, el respeto irrestricto a los derechos humanos de todos los mexicanos, principalmente el de los niños y de las mujeres que, impunemente, son violentados continuamente, bajo la complacencia  o participación de corruptas y podridas autoridades; inclusive, en manos de políticos degenerados que se  protegen bajo el escudo del  “fuero constitucional” y, por si esto fuese poco, son solapados y defendidos por sus propios partidos.

Educación

La pequeña Malala previamente había sido amenazada por los talibanes por haber desafiado su autoridad ya que ellos, entre otras estupideces, prohíben la educación de las mujeres; pero la pequeña no solo se negó a dejar la escuela, sino además inició su propia lucha para salvaguardar el derecho de las todas la niñas paquistaníes de recibir una educación apropiada, ya que en ese país se estima que más de 3.3 millones de pequeñas menores de 9 años  son excluidas del sistema formal de educación.

La realidad es que este atentado también se debió a que Malala, desde que tenía 11 años de edad, comenzó a escribir su diario en un blog, bajo el seudónimo de Gul Makai, para la BBC, en el cual relataba el sufrimiento que provocaban los talibanes desde el 2007, año que empezaron a controlar la comarca en la que vivía la pequeña.

Con este blog y bajo la mirada inocente de una niña, el mundo empezó a conocer el horror y brutalidad impuesta por los talibanes, además de reflejar sus propios miedos y las esperanzas de poder seguir yendo a la escuela.

ARCHIVO

A mediados de 2009, el ejército por fin replegó a los talibanes, entonces la identidad de Malala fue revelada cuando recibió el premio nacional por su valentía y al haber sido nominada al premio infantil internacional de la paz.

Sábado 3 de enero. Tengo miedo

En su blog la pequeña dimensiona su mundo y cuenta vivencias que no debería tener ningún niño: “Tuve un sueño terrible anoche en el que había helicópteros del Ejército y talibanes. Tengo esos sueños desde que se lanzó la operación militar en el Swat.

Fui a la escuela con miedo porque el Talibán había emitido un edicto en el que prohíbe que las niñas vayamos a la escuela (…) Mis tres amigas se fueron con sus familias a Peshawar, Lahore y Rawalpindi después del edicto (…) Mientras iba a la escuela escuché a un hombre decir "te voy a matar'. Apuré el paso y cuando miré hacia atrás el hombre venía detrás de mí. Pero, para mi gran alivio, él estaba hablando por teléfono así que debía estar amenazando a alguna otra persona.

Jueves 15 de enero: Noche de disparos

En otra ocasión se puedo leer el temor de estas pequeñas, hasta entonces oculto para el mundo: “Hubo disparos de artillería toda la noche y me desperté tres veces. Pero como no había escuela, me levanté más tarde, a las 10. (…) Hoy leí mi diario escrito para la BBC publicado en el periódico.

A mi madre le gusta mi seudónimo 'Gul Makai' y le dijo a mi padre, ¿por qué no cambiamos su nombre por el de Gul Makai? A mí también me gusta, porque mi nombre verdadero significa "dolor afligido".

Mi padre me contó que hace unos días alguien le trajo una copia impresa de este diario diciendo lo maravilloso que era. Mi padre sonrió, pero ni siquiera podía decir que eso había sido escrito por su hija”.

Lectura obligada

Malala ha escrito un libro que considero necesaria su lectura, principalmente por los jóvenes, cuyo título ocupé en esta entrega “Yo soy Malala” (Alianza Editorial) en donde relata el sufrimiento de su familia y de las niñas paquistaníes debido al terrorismo, ahí también expresa su lucha por la educación y expone su propia voluntad por ir a la escuela.

Su lectura es imprescindible para darnos cuenta de eso que sucede en el mundo de los “otros”, especialmente del sufrimiento de las niñas, para percatarnos la manera en que el poder de una voz infantil puede contribuir a cambiar las perversas realidades que muchas personas padecen, para recorrer el corazón, las sensaciones y sentimientos de una niña – joven, que se atreve a decir: “Mi mundo ha cambiado, pero no yo".

Yousafzai, el año pasado se graduó de la Universidad de Oxford y, aparte del libro mencionado, ha escrito “El lápiz mágico de Malala” y “Todas somos desplazadas”.

Irónico

Malala, la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz por su trabajo para proteger a niños de la esclavitud, el extremismo y el trabajo infantil, al recibir esta distinción dijo: “He recibido este premio, pero esto no es el final. Creo que es el comienzo. Quiero ver que todos los niños vayan a la escuela. Hay 57 millones que no reciben educación. Lo sé porque yo sufrí la misma situación”.

Es irónico que “Malala”, que significa "dolor afligido", ahora represente una insignia de una nueva generación de lucha y de esperanza para millones de niños y jóvenes; por ello, sería bueno seguir su testimonio para edificar, mediante la educación y la legalidad, un México más humano y generoso. Más justo.

Emprender la cotidianidad con esta actitud superior conllevaría la posibilidad real de eliminar la división social perversamente provocada, la violencia y las atrocidades que hoy, ante la mirada estupefacta del mundo, México y sus niños padecen.

Insisto: ¿Habrá algo que celebrar este viernes 30 de abril?