Voy a aplicar mi modelo de administración y gobierno a nuestro país para hacer un diagnóstico rápido. Cualquiera podría seguir la pauta para diagnosticar su empresa o negocio. Por eso es un modelo universal.

Empezamos con la IDENTIDAD. Los mexicanos tenemos una identidad común muy arraigada. Decimos que como México no hay dos. Sin embargo, escarbando un poco encontramos diferencias abismales entre diferentes regiones. Sin alineación entre el norte, centro y el sur es difícil salir adelante. Jugamos a estorbarnos unos a otros.

Nuestra identidad queda a nivel de remolino caótico porque dejamos que ideas socialistas permearan nuestra constitución. A muy pocos les importa buscar una armonía porque siempre habrá mejores oportunidades de trabajo al norte, en los Estados Unidos.

La siguiente función es la PLANEACIÓN sinónimo del buen uso de la inteligencia para adelantarse a los problemas. Es también un interés constante e incansable por buscar nuevas soluciones, aprender y adaptarse al cambio de circunstancias. Cuando esta función falla, las organizaciones se quedan varadas en el pasado.

Creo que es obvio que hoy más que nunca ese es el gran problema que tenemos. Mientras los países asiáticos vuelan hacia el futuro con trenes veloces, nuestro presidente construir un trenecito de zoológico. Así, estamos condenados a ser último lugar en todo lo bueno y número uno en lo malo.

La DIRECCIÓN y ejecución es la función que sirve de eje entre el futuro y el presente. Es un canal de comunicación de ida y vuelta; única manera de asegurar que todas las operaciones inferiores generen sinergias y eficiencias. Esta función es la principal que desempeña el jefe.

Por lo general la ejecución falla porque “el jefe” o quiere acaparar el control él solo o bien, es un soñador que pasa su tiempo haciendo castillos en el aire. Nuestro problema es sui géneris. Tenemos un líder nacional que sueña con regresar el tiempo y por lo tanto ordena que toda la actividad cese. No es que él quiera hacerlo todo. Quiere que nadie haga nada. Cierra servicios, mutila presupuestos y en general quiere que nadie se mueva. Es un caso realmente extraño.

Luego tenemos las OPERACIONES VITALES. Unas a nivel federal; y otras son los Estados como operaciones descentralizadas. En el orden federal tenemos empresotas como Pemex, la CFE, y otras de servicios como el Seguro Social que son verdaderos lastres en la economía, verdaderos monumentos a la ineficiencia.

El presupuesto federal ahoga los presupuestos estatales. O sea, que a las empresas más ineficientes les damos preferencia sobre las tareas de los más eficientes.

De la dirección surgen también los canales de comunicación hacia las operaciones. En tiempos modernos, deberían ser totalmente transparentes. Sin embargo, y a pesar de las mañaneras, vemos poca vocación tener ciudadanos informados. Quizá el problema es que el mexicano no lo exige.

Sigue: la COORDINACIÓN entre las operaciones. Es otro factor importante para que nuestro sistema funcione como una maquinaria bien aceitada. Desgraciadamente la herramienta más poderosa para lograr esta ansiada coordinación son las computadoras y están muy mal usadas.

Existe en nuestro país una idea muy equivocada de para qué sirven, en que ayudan y en qué estorban. El mejor ejemplo es el caos que traen en el SAT por querer centralizar toda la información de todos los causantes para supuestamente controlar el pago de impuestos.

Luego tenemos el subsistema de DETECCIÓN DE ERRORES a nivel sistema. Corre a cargo del sistema de administración de justicia. Aquí la cifra negra que castiga al uno por ciento de los delitos nos deja fríos.

Por último, para ser una nación o un negocio viable hay que garantizar la SEGURIDAD. De nuevo no merece mayor comentario, salimos reprobados.

Son siete funciones sistémicas vitales, todas descuidadas. En ninguna pasamos la prueba más elemental. Si el presidente viera esto podría empezar a reconstruir un país que va en camino a la ruina total. Ese es mi diagnóstico universal.

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Javier Livas

Columna: Libertad y Justicia