El próximo jueves 31 se cumplirán veinte años de la trágica muerte de Diana Spencer, princesa “oficial” de Gales a pesar de su separación del príncipe Carlos, en un accidente automovilístico en París, Francia.

 Sobre el impacto que este deceso ocasionó en la monarquía británica que prácticamente había forzado a “Lady Di” a vivir una vida  asediada por los paparazis que propiciaron el accidente en el que perdió la vida junto a su amigo y compañero sentimental Dodi Fayed se filmó poco antes del décimo aniversario de su muerte una muy buena película titulada “La Reina” (“The Queen”), de la autoría del cineasta británico Stephen Frears y que le diera a ganar a su actriz principal, Helen Mirren, el Oscar a la Mejor Actriz del año 2006 por su magnífica interpretación de la Reina Isabel y la forma en que afrontó esta tragedia ante su pueblo.

 Pues independientemente de que haya podido ver esta película o no (si no lo ha hecho y tiene oportunidad no deje de hacerlo), desde hace algunos días se encuentra disponible a través de la plataforma de Netflix el largometraje documental producido por la cadena británica de televisión BBC “Diana: Siete días que estremecieron al mundo” que justo le da seguimiento a los siete días que hubo entre la muerte de Diana la medianoche del domingo 31 de agosto de 1997 y  el correspondiente funeral el sábado 6 de septiembre de aquel mismo año  y que tal y como se titula el mismo en inglés (“Diana: 7 days that shook the Windsors”), se centra en cómo la familia real estuvo a punto de perder el cariño de parte del pueblo británico.

 Para hacerlo, el director y productor Ben Ryder incluye las entrevistas de varias personas involucradas directamente en todo lo que hubo tras bambalinas de todo este suceso tanto de la monarquía como del gobierno británico, destacando en lo particular dos de ellos muy cercanos a Diana: el de Paul Burell, mayordomo de Diana, y Colin Tebutt, el chofer y consultor de su seguridad, el primero asentado en Inglaterra dentro del Palacio de Buckingham al momento del fatal accidente y por lo mismo al recibir el cuerpo de ella lo veló una noche entera, y el segundo irónicamente aunque en París fue excluido de manejar el auto o encargarse de su seguridad la noche de la muerte, por lo que, con dolor e impotencia, se encargó de velar el cuerpo todavía en el hospital donde murió.

 Además de Burell y Tebutt conocemos tanto a personas involucradas en las “encerronas” entre el gobierno británico y la Casa Real (con quienes se comunicaban a través de “una caja” debido a que se pasaron casi toda esa semana en la casa de descanso campestre de Balmoral) y fueron testigos de primera mano de las fricciones que ahí se vivieron por la organización del funeral, y también de algunas personas involucradas por su cuenta en asociaciones y fundaciones que hicieron de Diana el ícono al que el Primer Ministro de entonces, Tony Blair, se refirió de manera espontánea como “la princesa del pueblo”, término que se quedó para la perpetuidad.  

 Narrado por el actor también británico James D´Arcy (recién visto en la cinta “Dunkerque”, de Christopher Nolan) “Diana: Siete días que estremecieron al mundo” es un documento que para la conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte de Diana honra debidamente su memoria.
 
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