Entre las conductas que mayor agravio causan a los ciudadanos se encuentra el hecho de que los funcionarios gubernamentales –quienes teóricamente deberían ser “servidores” del público– no pierdan oportunidad alguna para entregarse a los excesos, siempre con cargo al erario.

La costumbre, en la que incurren por igual los políticos rojos, azules, amarillos, naranjas o de cualquier otro color, llevó a acuñar una frase que, todo hace indicar, sigue vigente como antaño: el último año de los periodos gubernamentales es “el año de Hidalgo”, expresión con la cual se anticipa que las arcas públicas quedarán vacías, pues será un tonto “el que deje algo”.

Contrario a lo que haría suponer la creación de un sofisticado sistema de combate a la corrupción; la existencia de múltiples dependencias públicas dedicadas a la fiscalización del ejercicio presupuestal y el hecho de contar con leyes que garantizan la transparencia, a los funcionarios públicos del Siglo 21 no les provoca ningún rubor el meter la mano en la caja y llevarse consigo todo lo que sea posible.

O al menos eso parecieran evidenciar los acuerdos que el Ayuntamiento del municipio de Cuatro Ciénegas aprobó ayer, a fin de “despedir” a los integrantes de dicho cuerpo colegiado –y algunos funcionarios de primer nivel– con el pago de 65 días de aguinaldo, así como de un “bono de salida” de 120 mil pesos para cada uno.

Lo peor de la historia es la versión –que trascendió ayer mismo– respecto a la razón principal por la cual se habría acordado la entrega de estas “compensaciones extraordinarias” a los referidos funcionarios: los integrantes del Cabildo habrían amenazado al Presidente Municipal con no asistir a su último informe de Gobierno en caso de no acceder a sus pretensiones.

De ser cierta la especie, lo que estaríamos presenciando es el pago de un auténtico chantaje basado en la amenaza de incumplir con la única obligación real que tienen los integrantes del Ayuntamiento: asistir a las sesiones de Cabildo.

Resulta indispensable preguntarse, desde luego, en cuántos municipios estarán siendo aprobados acuerdos similares, pero de los cuales no nos hemos enterado porque los integrantes de dichos órganos no han tenido el mal tino de publicar en sus cuentas personales de redes sociales el orden del día de la sesión en la cual se aprobarán las “recompensas de fin de periodo”.

¿Estaremos ante un caso aislado en Cuatro Ciénegas o la cultura del “año de Hidalgo” constituirá costumbre generalizada en los 38 municipios de nuestra entidad?

Más allá de qué tan generalizada se encuentre la conducta, valdrá la pena que las distintas instituciones encargadas de combatir la corrupción, y que hoy integran todo un “sistema estatal” dedicado a combatir este mal, tomen cartas en el asunto y desplieguen sus capacidades para impedir el acto de rapacidad que ha sido puesto al descubierto.

Porque resulta inadmisible que, contando ya con todo un entramado institucional para evitar la expoliación de las arcas públicas, individuos como los integrantes del Ayuntamiento de Cuatro Ciénegas logren salirse con la suya.