El priista es el único animal que gobierna durante 90 años ininterrumpidos y luego te asegura que ello es un acto de democracia.

Y con esta frase damos por inauguradas las hostilidades ordinarias 2019 de la “Nación Petatiux” para con el infame y hediondo régimen que nos desgobierna.

En efecto, Coahuila, en casi un siglo de elecciones, no conoce el significado de la palabra alternancia, con todas las desgracias que algo así puede suponer para la sociedad que lo padece.

Dice la sabiduría popular –o lo dijo Churchill, no recuerdo– que la democracia no es perfecta pero es el menor de los males, y lo creo axiomáticamente. Desafortunadamente vivir bajo un régimen sin oposición, plenipotenciario y autócrata –únicamente supeditado a la figura presidencial– no es una democracia, es una dictadura con caciques que se relevan.

Lo más parecido a una “alternancia” es cuando la sucesión se da entre priistas de grupos antagónicos, pero esto no es síntoma de democratización, sino de las guerras intestinas que se libran en el partidazo por repartirse el queso.

El PRI en Coahuila no sólo se declara orgulloso de su trayectoria y gobiernos, se ufana de su estructura y de sus carros completos cuando los logra.

Sin embargo, vivir en un feudo de partido compromete cada aspecto de nuestro desarrollo, que siempre está supeditado al pago de favores, al enriquecimiento del cacique en turno y a la continuidad –perpetuación– del régimen.

Esto convierte a los ciudadanos en vasallos, lo hemos dicho hasta el cansancio, y a los funcionarios en cortesanos.

Y ello constituye la peor forma de corrupción, una contra la que ya ni siquiera luchamos, porque la asimilamos como natural, como el “así ha sido siempre”, o el “para progresar, le tienes que entrar”.

Querido Coahuila, este 2019 cumples nueve décadas ininterrumpidas siendo gobernado por la misma divisa tricolor –PNR, PRM, PRI– que habrá cambiado de siglas pero nunca de mañas. Diría que “me dueles”, pero lo cierto es que lo que me provocas es un mar de pena, propia y ajena.

Este… ¡No, yo soy de otro Coahuila!

Ahora, tampoco podemos afirmar que las alcaldías o diputaciones que haya logrado conquistar el PAN o cualquier otro partido diferente al Revolucionario constituyen tan siquiera probaditas de alternancia. Dichas “victorias” de la oposición han sido coyunturales, determinadas por las circunstancias, no por el peso específico de los partidos o sus candidatos e incluso algunas palomeadas por el propio partido en el poder. Y respecto a las diputaciones, jamás han sido tantas de oposición como para servir de contrapeso al Poder Ejecutivo, y es que nunca se permitiría perder el control de quien, se supone, lo fiscaliza.

Por primera vez en la historia del estado, durante la presente legislatura, un representante no emanado del partido hegemónico preside la Junta de Gobierno del Congreso Local.

Es el panista Marcelo Torres Cofiño el primer no priista en tener dicho honor.

Muy bien, ¿y ello que significa? Como sé que la mayoría de los ciudadanos lo ignoramos –porque nuestra educación cívica es todavía más precaria que en otras áreas– remitámonos a lo que dice la página oficial del Congreso: “La Junta de Gobierno… es el órgano de gobierno encargado de la dirección de los asuntos relativos al régimen interno del Poder Legislativo, con el fin de optimizar sus funciones legislativas, políticas y administrativas, conforme a lo dispuesto en la Ley Orgánica del Congreso del Estado”.

¡Ahí está! ¡Más claro ni el agua!

No se crea, que yo tampoco entendí. Pero enseguida se enlistan algunas tareas más específicas o misiones de la dichosa Junta, tales como: expresar la pluralidad del Congreso; servir de enlace entre los grupos parlamentarios; impulsar entendimientos y convergencias políticas; alcanzar acuerdos que permitan al Pleno y a la Diputación Permanente adoptar las decisiones.

¡Hombre, termináramos!

Pues dos cosas le recuerdo al flamante presidente parlamentario, Torres Cofiño:

Primero: Que el Poder legislativo en Coahuila es la cosa más corrompida y viciada ya que se ha configurado de tal manera que avale todas las trapacerías del Ejecutivo y solito se corta a modo para allanarle el camino al PRI. Si entre sus facultades está el ayudar corregir esta situación, es ahora o nunca. Acciones concretas que le arrebaten las decisiones importantes a la caterva tricolor, no oscuras ambigüedades como las que se describen como objetivos de la junta.

Y dos: Que la oposición en el estado nos ha valido a los coahuilenses para maldita la cosa, que sólo nos representan más panzas aventureras que sufragar y que aún nos duele la manera en que nos apuñalaron en la última elección estatal, por no mencionar que dada su nula cohesión y la impúdica desbandada hacia el morenismo, al PAN nadie lo toma como opción seria.

Diputado Torres Cofiño, haga que su histórica designación valga de algo, con acciones de peso y si no, ya nos responderá con cualquier vaguedad, total, luego de 90 años estamos más que acostumbrados a esta dictadura sin oposición ni resistencia.