Una mañana como hoy pero de hace 100 años, en Rusia, donde aún se utilizaba el calendario Juliano, amanecía siendo un 25 de octubre, pero en el resto del mundo era 7 de noviembre. Ese día, los rusos se encontraron un anuncio que inundó las calles de sus principales ciudades: “¡A los ciudadanos de Rusia! El Gobierno provisional ha sido depuesto. El poder estatal ha pasado a manos del órgano del Sóviet de Obreros y Soldados de Petrogrado, el Comité Militar Revolucionario, que dirige al proletariado y a la guarnición de Petrogrado. La causa por la que el pueblo ha luchado –la oferta inmediata de una paz democrática, la abolición de la propiedad de la tierra por los terratenientes, el control obrero de la industria y la creación de un Gobierno de los sóviets– ha quedado asegurada. ¡Viva la revolución de los trabajadores, soldados y campesinos!”.

Era la revolución rusa, el movimiento que llevó a los bolcheviques al poder y que cambió el mundo del Siglo 20. Muchos años antes, las dos grandes glorias de la literatura rusa, Fiódor Dostoievski y León Tolstoi, predijeron una revolución que pondría fin al Imperio de los zares. No se equivocaron, pues el deseo de cambiar de régimen para dejar atrás al zarismo se había impregnado en la sociedad rusa como la humedad en una casa.

Y el cambio llegó con una revolución que pretendió resolver una crisis social de una base campesina atrapada en el feudalismo, pero con sus principales ciudades desarrollándose en la industrialización, con trabajadores ideologizados en el Marxismo que predicaban Lenin y Trotski, los líderes del movimiento bolchevique. 

De la revolución que muchos conocen como “De Octubre”, el periodista norteamericano John Reed publicó el libro “Diez Días que Estremecieron al Mundo”, un registro apasionante de los acontecimientos en Petrogrado, hoy San Petersburgo, entonces la capital rusa. Unos años antes, Reed entrevistó a Pancho Villa y al presidente Carranza durante la Revolución mexicana, hechos que narró en su libro “México Insurgente”, publicado en 1915.

“Diez Días que Estremecieron al Mundo” es un relato histórico del corto periodo cuando el Gobierno provisional, que había llegado al poder después de la caída del régimen zarista en febrero de 1917, fue reemplazado por quienes se hacían llamar “bolcheviques”, los seguidores de Vladímir Ilich Uliánov, Lenin, líder moral del movimiento. El libro contó con una introducción del propio Lenin, que escribió: “Sin reservas, lo recomiendo a los trabajadores del mundo”.

Reed, un periodista radical estadounidense, graduado de Harvard, que informaba desde Rusia para el periódico socialista “The Masses”, hace un apasionado recuento de primera mano desde el país que llevó a la práctica el socialismo, la utopía del hombre nuevo, un mundo de igualdad social y sin injusticias, el sueño de la liberación del hombre por el mismo hombre. Pero eso no sucedió nunca y el sueño se convirtió en pesadilla.

Y es que tras la repentina muerte del ideólogo  y precursor de la revolución, Lenin, llega al poder un burócrata resentido: Josef Stalin, un dictador que impuso un régimen brutal donde la ausencia de libertades y derechos individuales, y hasta los crímenes de lesa humanidad fueron el sello. Aquello derivó en fascismo y se arrasó con todo vestigio del sueño de Lenin. En toda la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se silenciaron voces y movimientos como la “Primavera de Praga”, un intento de liberación de la entonces Checoslovaquia, acallada por los tanques soviéticos.

Así que esos “Diez Días que Estremecieron al Mundo”, terminaron siendo 70 años que estremecieron y convirtieron un ideal en una era de oscuridad y atraso para muchos países que se liberaron a la caída de la Unión Soviética en 1989. Y es que nada es para siempre y los muros sí caen, como señala mi compañero de páginas en VANGUARDIA, el jurista y periodista Luis Carlos Plata.

Al paso de los años, y luego del fin de la era de los Soviets, Rusia volvió a ser gobernada por un moderno zarismo que ha impulsado la idea de que sólo el capitalismo, puede salvarlos de las fauces del comunismo que los había liberado de las garras del capitalismo y así por los siglos de los siglos.

@marcosduranf