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En lo que va de 2018 se han registrado al menos ocho casos de plagio de talento mexicano. ¿Por qué lo hacen? Porque pueden: el Gobierno mexicano es incapaz de proteger la riqueza cultural de los pueblos originarios y el arte heredado por siglos, dice Adriana Aguerrebere, fundadora y presidenta del Consejo de Impacto, ONG que defiende a comunidades indígenas del plagio

Por Ivette Lira para SinEmbargo

Ciudad de México.- Detrás del plagio de prendas elaboradas por mujeres de comunidades originarias en México está la pérdida del patrimonio cultural, además del bienestar y del desarrollo de sus integrantes. Grandes firmas han puesto los ojos en la ropa con bordados artesanales, se han aprovechado de la vulnerabilidad de las artesanas y han hecho negocio con el conocimiento ancestral, sin que exista un marco legal que lo impida, establecen defensores y líderes indígenas.

Hay separación de familias, ya que los hijos e hijas y/o esposos de las mujeres que invierten hasta 50 horas de trabajo en creación de una sola prenda, se ven orillados a abandonar sus comunidades pues el dinero es insuficiente para lograr un nivel adecuado de bienestar. Los intermediarios y el poco valor que muchas personas le dan a los bordados a mano son obstáculos enormes a los que se enfrentan las artesanas.

María Méndez Rodríguez es ama de casa y artesana, originaria de la comunidad chiapaneca Aguacatenango, tiene 39 años y pudo estudiar hasta la primaria. Desde muy pequeña, su madre la enseñó a bordar: a los 7 ella ya lo hacía sin ayuda.

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Borda y hace distintas prendas a mano para apoyar a cubrir los gastos de su familia. Su marido es agricultor y cuando hay poco trabajo, también hace tareas en obras de construcción. Dos de sus siete hijos abandonaron la comunidad por la falta de oportunidades, lo que María y su esposo lograban obtener no alcanzaba para que continuaran con sus estudios, así que los muchachos tuvieron que emigrar.

La situación entristece a la mujer de casi cuatro décadas, lo narró llorando a Impacto, Organización No Gubernamental (ONG). Por eso pide a sus compatriotas valorar el trabajo artesanal.

“Para que nosotros podamos salir adelante y para que nuestros hijos no se vayan lejos porque para una madre es muy duro cuando te dice tu hijo ‘sabes qué, mamá, yo me voy porque aquí no hay dinero, aquí no nos valoran el trabajo que es’. Yo lo he vivido, cuando mi hija me dijo: ‘mamá, me voy’. Me hubiera gustado que mi hija saliera adelante. Pero aquí no nos pagan lo que es”, relata.

Blusas con hasta 50 horas de trabajo detrás, son compradas por intermediarios que regatean hasta pagar sólo 200 pesos en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Muchas, la gran mayoría de las mujeres tzetzales, en su situación de vulnerabilidad, los aceptan por necesidad. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2010 Aguacatenango tenía un grado de marginación “muy alto” y “alto” rezago social.

Impacto cambió la vida de María y su familia, hoy recibe una remuneración más justa por lo que hace: llega a cobrar más de 1 mil  200 pesos por la elaboración de una prenda, pues por cada hora de trabajo obtiene 20 pesos.

La organización civil surgió en San Cristóbal de Las Casas para impulsar el empoderamiento y autonomía de las comunidades indígenas y vulnerables del país, por lo que trabajan con mujeres artesanas y jóvenes productores de café. Se vale de los principios de la empresa social y la cadena de valor para generar autonomía económica. Hoy por hoy tienen presencia en Los Altos de Chiapas, Veracruz y Yucatán.

En entrevista para SinEmbargo, Adriana Aguerrebere, fundadora y presidenta del Consejo de Impacto, explica que la importancia de la asociación radica en aportar el conocimiento en los temas de cadena de valor y estrategia de negocios, enfocado a lograr que las mujeres indígenas cuenten con las mismas oportunidades en educación y desarrollo que otras mujeres.

“Es muy evidente esa gran brecha de desigualdad que existe todavía en México que se exacerba con la comunidad indígena y sobre todo con las mujeres indígenas […] Me ha gustado estar compenetrada con las necesidades de la comunidad local y generar desarrollo integral desde los beneficios tanto económicos y sociales, como ambientales”, expone.

Aguerrebere destaca que el plagio de los diseño indígenas una serie de graves consecuencias.

–El freno al desarrollo social y económico, ya que a las artesanas les resulta más difícil vender su trabajo y a un precio justo.

–Un cuello de botella porque las mujeres no logran llegar al consumidor, sin intermediarios.

–Competencia desleal por parte de gigantes de la industria del vestido que acarrea repercusiones directas en los ingresos económicos de las comunidades.

–Impacto en sus capacidades, cosmovisión y estilo de vida, pues la artesanía textil es un conocimiento ancestral que va pasando de generación en generación.

–Monetizar el patrimonio cultural intangible de los pueblos indígenas y nadie más tiene derecho a explotar esos bienes, sólo ellos mismos.

“Es totalmente injusto que el mundo capitalista, y su poder tan grande en todos los sentidos, exprima a las comunidades. Las vuelve más vulnerables, cuando en realidad lo que tendríamos que hacer es trabajar por relaciones éticas y porque la gente empiece a tener las mismas oportunidades o mínimamente acceso a lo básico: a la alimentación, a la educación y, en general, a una vida digna“, destaca la especialista.

LA LÍNEA DEL TIEMPO DE LOS ABUSOS...

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