Cinco días después de haber organizado un acto masivo en contra de las disposiciones sanitarias, y desafiado a las autoridades municipales que acudieron a clausurarlo, cinco directivos de la Facultad de Ciencias de la Administración, Unidad Saltillo, de la UAdeC, emitieron un comunicado en el cual reconocen la falta y ofrecen disculpas.

El documento no deja lugar a dudas en lo que hace al reconocimiento de las diversas irregularidades en las cuales incurrieron:

“Se trató de un evento masivo que no fue autorizado ni por la Universidad Autónoma de Coahuila, ni por alguna autoridad competente, el cual puso en riesgo la salud de las personas asistentes y contravino las disposiciones dictadas por el Subcomité Técnico Regional COVID-19”, se afirma en el primer párrafo del texto.

Enseguida se afirma: “reconocemos de igual forma, que a pesar de que las autoridades competentes, en especial, el personal de la Dirección de Protección Civil de Saltillo nos indicó que el evento debía ser interrumpido de forma inmediata, no se acató dicha instrucción de forma oportuna y se tomó la decisión, incorrecta, de continuar con el desarrollo del mismo…”.

Aspirar a que la disculpa ofrecida sea suficiente hace que dicho acto parezca más uno de hipocresía que de auténtico reconocimiento por haber sido sorprendidos en falta"

Una frase más redondea el “mea culpa” de las autoridades de la FCA: “aceptamos que se trató de una decisión equivocada, poco responsable y contraria a los valores universitarios”.

No hay fisuras, no se recurre a los eufemismos, no se pretende maquillar los hechos. Por el contrario, los cinco funcionarios universitarios reconocen de manera explícita que actuaron de espaldas a la legalidad, antes y durante el evento que realizaron en las instalaciones de la referida Facultad.

Puntualizar lo anterior es absolutamente necesario porque parece claro que, a pesar del reconocimiento expreso contenido en el documento, el equipo encabezado por Yazmín Guadalupe Cervantes Ávila, directora de la institución, considera que una disculpa es suficiente.

No es así: las consecuencias que sus decisiones podrían tener son en extremo graves, no solamente en lo que se refiere a las personas que acudieron al evento, sino también a la reproducción de su conducta en otros espacios -públicos y privados- de la comunidad.

Debe saludarse, desde luego, el que se ofrezca una disculpa de forma pública y que esta se plasme además en un documento. Pero el mismo reconocimiento que se hace de las conductas en las cuales se incurrió obligaría a que, junto a la disculpa, se colocaran las renuncias de las cinco personas firmantes, pues han deshonrado gravemente los cargos que ostentan y los valores que debe exhibir continuamente una universidad pública.

Reconocer que actuaron de forma indebida, y a sabiendas, les descalifica para seguir actuando como los modelos de conducta de los cuales se nutran los futuros profesionistas que se forman en la máxima casa de estudios de Coahuila. Y en ese contexto, el aspirar a que la disculpa ofrecida sea suficiente hace que dicho acto parezca más uno de hipocresía que de auténtico reconocimiento -o de arrepentimiento- por haber sido sorprendidos en falta.