Debatir las aristas que ofrece el tema de la interrupción del embarazo es la mejor forma de llegar a un acuerdo susceptible de ser aceptado por todos

“Yo en principio quisiera hacer una campaña de difusión, porque considero que la mayoría de los ciudadanos están mal informados. Creo que es la razón por la cual se sataniza el tema. Estaré organizando un foro para traer profesionales científicos, juristas que puedan defender el tema desde estas perspectivas y no caer en la visión moral y religiosa”.

La frase anterior forma parte de las declaraciones realizadas por la diputada local Claudia Ramírez Pineda, quien ha presentado en el Congreso local una iniciativa para despenalizar el aborto en Coahuila.

La legisladora ha fijado tal posición, luego de que integrantes de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, del Congreso de la Unión, anunciaran la próxima presentación de una iniciativa tendiente a modificar la legislación penal de los diferentes estados de la República, en relación con el aborto.

Se trata, sin duda, de una posición distinta a la que en principio han fijado las legisladoras morenistas y no solamente se trata de una posición diferente en términos políticos, sino en términos cualitativos.

Porque, como ya hemos sostenido en este mismo espacio, el tema del aborto no es uno sencillo de abordar, sino que reviste una complejidad particular debido a que en torno a éste confluyen aspectos que van más allá del ámbito legal.

Hablar del aborto implica incursionar en el mundo de la moral y eso quiere decir que la discusión se vuelve particularmente compleja, pues la moral no es un concepto universal, sino que puede adoptar tantas aristas como personas existen sobre la tierra.

Por otra parte, la discusión del aborto implica ingresar al terreno de las concepciones teológicas sobre la vida y ello complejiza aún más la discusión pues la concepción sobre el origen divino de la vida tiene múltiples acepciones en el mundo de nuestros días, incluso si sólo se tiene en cuenta la concepción occidental del tema.

Por ello, la posición adoptada por quien ha sido hasta ahora, la principal promotora de una legislación que posibilite el aborto, parece sumamente sensata: discutir el tema a partir de las concepciones que sobre el mismo tienen los especialistas.

Debatir las distintas aristas que ofrece el tema de la interrupción del embarazo parece, sin duda alguna, la mejor forma de ingresar a un proceso que permita llegar a un acuerdo susceptible de ser aceptado por todos, al menos desde la perspectiva racional de la discusión.

Y es que si no se discute el tema a profundidad, difícilmente podrá alcanzarse, ya no digamos un acuerdo -lo que muy probablemente sea imposible- sino un término medio en el cual las posiciones antagónicas sean capaces de encapsular el ánimo belicoso.

Porque, al final de cuentas, de lo que se trata no es de averiguar quién tiene la razón -algo que probablemente nunca logremos- sino de establecer un mecanismo que nos permita discutir civilizadamente diferencias complejas como es la del aborto.