Las palabras de John Donne: “Ningún hombre es una isla; todos formamos parte de un continente que se llama humanidad”, cobra actualidad.

Cada día el pensamiento del poeta inglés se nos hace presente. Los medios masivos de comunicación hacen llegar a nuestros hogares las noticias de los lugares más remotos, y si antes se extraía de ellas sólo la imagen de lo que en tales sitios ocurría, ahora se han vuelto una parte de la realidad que nos alcanza en el mismo seno del hogar.

Háblese aquí de cualquier tema: si la Bolsa cayó y se contrajo el mercado las consecuencias en la economía doméstica de inmediato resonarán en los hogares; si aumenta la inseguridad, nos sentimos todos parte ya de los grupos afectados, que antes veíamos únicamente a la distancia.

Dos temas que nos han hecho formar parte de una misma plataforma ya nacional, ya mundial: los feminicidios en México, la revaloración del papel de la mujer y la búsqueda de justicia, así como el coronavirus a nivel internacional.

Para el tema de los feminicidios y la visibilización de la mujer en la sociedad mexicana contemporánea, decíamos en colaboración anterior, pueden gestarse y desarrollarse muchas y variadas perspectivas. Sin embargo, la importancia de valorar a la mujer en su papel, sus derechos, dignidad, integridad y vida, está inscrita en cualquier interpretación. Es decir, tómese cualquier ángulo, pero ese factor medular sostiene las demandas.

Con la enfermedad del coronavirus, unos y otros muestran sus impresiones, otros su desconocimiento y muchos más, quizá la mayoría, las precauciones a observar, derivada en otros tantos en las compras de pánico en los comercios de lo que suponen pronto habría escasez (si entendieran que con sus acciones es lo que pueden provocar al fin y al cabo…).

Sin embargo, volvemos al factor medular en que una gran mayoría está de acuerdo: es de cuidado. Y nos hace formar parte del mismo continente del que nos habla el poeta Jonh Donne.

Uno y otro tema, dispares entre sí, demuestran que al fin y al cabo estamos integrados en una misma aldea, la aldea global ya la llamaba McLuhan, como la de los primeros tiempos: donde la unidad hacía la fuerza. Unidad al enfrentar los embates de la naturaleza; unidad al enfrentar el peligro, representado en los animales y en los miembros de tribus enemigas.

Cada hombre, dice Donne, es una pieza del continente; una parte del todo. / Si el mar se lleva una porción de tierra / toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio / o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. / Ningún hombre es una isla / la muerte de cualquiera me afecta, / porque me encuentro unido a toda la humanidad/ por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Esa es la gran enseñanza de los momentos que estamos viviendo. El secreto de la supervivencia humana ha sido entender la importancia de la integración y la mutua dependencia. Necesitamos unos de otros para poder lograr combatir las adversidades.

Por desgracia, quienes no piensan de este modo son aquellos que abarrotaron los centros comerciales para llevarse consigo material de limpieza y farmacéuticos en cantidades exageradas. Sus acciones van en detrimento de lo que requerimos para poder atravesar la contingencia que estamos viviendo. Se requiere de conciencia y de poner en práctica aquello que un inglés, a cuatro siglos de distancia, señalaba con toda puntualidad lo aquí consignado: “Nunca preguntes por quién doblan las campanas, que están doblando por ti”.