Los asesores de Trump dijeron que el presidente se ha negado a reconocer su derrota, manteniendo su acusación infundada de que los demócratas se robaron las elecciones. Fotos: AP
El presidente no tiene planes de dar el tradicional discurso de concesión, dijeron algunos aliados. Su equipo prometió continuar las impugnaciones electorales en todo el país este lunes

Por Maggie Haberman y Michael D. Shear

WASHINGTON — El sábado por la mañana, la caravana del presidente Donald Trump acababa de llegar al Trump National Golf Club en los suburbios de Virginia cuando los medios de comunicación finalizaron sus días de espera y declararon que había perdido la presidencia ante Joseph R. Biden Jr.

Los asesores llamaron a Trump para decirle que sus predicciones durante los últimos días se habían materializado: todos los medios de comunicación importantes declaraban que Biden era el ganador. Pero el presidente —quien una hora antes había publicado en Twitter el mensaje: “¡GANÉ ESTA ELECCIÓN, POR MUCHO!”— no se sorprendió, aseguraron. Y no cambió sus planes de avanzar con las impugnaciones legales a los resultados electorales —que varios de sus propios asesores le advirtieron eran, en el mejor de los casos, posibilidades lejanas— ni de ir jugar al golf.

“El hecho es que esta elección está lejos de terminar”, dijo el presidente. “A partir del lunes, nuestro equipo comenzará a procesar nuestro caso en la corte para garantizar que las leyes electorales se cumplan plenamente y que el ganador legítimo esté en el cargo”.

Los asesores de Trump dijeron que el presidente se ha negado a reconocer su derrota, manteniendo su acusación infundada de que los demócratas se robaron las elecciones.

Pero no creen que el presidente intente impedir de alguna manera que Biden asuma el cargo. Aseguraron que si no ha pronunciado un discurso formal de concesión para cuando deje la presidencia, la presión de convencerlo de que debe aceptar lo inevitable y hacerle saber al pueblo estadounidense que acepta su decisión recaerá en sus aliados republicanos, familiares y amigos.

Incluso algunos de los asesores que llevan más tiempo con Trump, como el exgobernador de Nueva Jersey Chris Christie, han dicho públicamente que necesitaba tener pruebas concretas para hacer las afirmaciones que ha estado haciendo sobre las elecciones.

“Todo lo que hacen este tipo de afirmaciones es enardecer el ánimo sin informar. Y no podemos permitir el enfurecimiento sin información”, dijo Christie en ABC News el jueves por la noche.

Ahora que Biden ha sido declarado ganador, los asesores de la Casa Blanca deben enfrentar la realidad de que, durante los próximos dos meses y medio, Trump será un presidente con los días contados.

Desde la madrugada del miércoles, cuando Trump declaró de manera airada que las elecciones eran un “fraude”, ha dividido su tiempo entre la Oficina Oval y la residencia presidencial, mirando la cobertura televisiva y rumiando.

Por teléfono y en la Casa Blanca, el presidente ha hablado, además de con sus hijos, con un grupo de asesores, entre ellos la exconsejera de la Casa Blanca Kellyanne Conway, su director de campaña, Bill Stepien, su subdirector de campaña, Justin Clark, su asesora Hope Hicks y la presidenta del Comité Nacional Republicano, Ronna McDaniel.

El vicepresidente Mike Pence pasó parte del viernes en la Oficina Oval con Trump, pero el jefe de Gabinete del presidente, Mark Meadows, quien dio positivo por el coronavirus el día siguiente a las elecciones, ha estado trabajando de forma remota en los desafíos legales de la campaña.

Los asesores de Trump lograron persuadir a Rudolph W. Giuliani, el abogado personal del presidente, de que se retractara de algunas de sus acusaciones públicas sobre fraude. Pero Giuliani apeló a Trump, y el presidente aprobó una conferencia de prensa en Filadelfia que comenzó justo después de que los medios de comunicación confirmaran la victoria de la contienda presidencial a Biden.

Algunos asistentes fueron sinceros con Trump en cuanto a que no había muchas rutas para seguir, a pesar de que dijeron que continuarían los intentos. Solo unos pocos aliados habían dudado de la probabilidad de que ganara Biden, entre ellos Jared Kushner, el yerno del presidente, de acuerdo con personas que hablaron con Trump.

Trump estaba sorprendentemente tranquilo mientras jugaba al golf el sábado, a pesar de las noticias que había recibido cuando llegó al club, dijeron asistentes.

Pero eso fue antes de que viera la cobertura en los canales de televisión de la victoria de Biden. Casi dos horas después de su regreso sin incidentes a la Casa Blanca, Trump volvió a publicar tuits con mensajes falsos e iracundos en los que insistía en que había ganado las elecciones y se quejaba de que “¡MILLONES DE BOLETAS POR CORREO FUERON ENVIADAS A PERSONAS QUE NUNCA LAS PIDIERON!”.

Varios asesores de Trump dijeron que si bien ahora querían darle espacio al presidente para procesar la derrota, estaban agotados después de cuatro años tumultuosos y estaban ansiosos por tener certeza sobre lo que vendría después.

Algunos asesores comenzaron a enfocarse en lo que creían que Trump podría citar como logros incluso en la derrota, incluido el hecho de que recibió la segunda mayor cantidad de votos en la historia de Estados Unidos y que atrajo a un nuevo grupo de votantes al Partido Republicano.

Confinado casi por completo en la Casa Blanca desde el día de las elecciones, Trump está ansioso por salir de Washington y, después de pensar en organizar un mitin esta semana, sus asesores dijeron que lo más probable es que viajaría a su club privado, Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida. Pero el presidente no tiene intención de acabar con las bulliciosas manifestaciones de apoyo que ha realizado a lo largo de su presidencia y que siempre parecen darle ánimos.

No está claro si Trump seguirá con la tradición de invitar a Biden a la Casa Blanca para una reunión simbólica como la que él mantuvo hace cuatro años con su antecesor, el expresidente Barack Obama. También es habitual que el presidente saliente asista a la toma de posesión de su sucesor, pero Trump ha ignorado muchas de las normas del cargo.

Como exvicepresidente, Biden no necesita el recorrido por la Casa Blanca que, en su momento, hizo Trump. Esta reunión enviaría una señal que podría ayudar a reducir el enfado de los partidarios del presidente por su derrota, pero sería un gesto sorprendentemente fuera de lugar para un presidente que tantas veces ha buscado caldear los ánimos.

A los demócratas les preocupa que los funcionarios del gobierno de Trump puedan ignorar o interrumpir una serie de pasos que de manera habitual están involucrados en una transición presidencial. Sin embargo, las etapas iniciales de la transición han comenzado sin interrupciones.

Chris Liddell, un importante asesor de la Casa Blanca, ha estado encabezando la planeación para la transición para del gobierno de Trump, pero el presidente no ha estado involucrado, dijo un funcionario de la Casa Blanca, en parte debido a sus supersticiones sobre planificar una transición antes de la votación y en parte porque los funcionarios temían que intentara entrometerse.

 

c. 2020 The New York Times Company