Un 25 de febrero de 1956, en Moscú, Rusia, durante una sesión cerrada del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Khrushchev, secretario general de ese partido dio un discurso “secreto” en donde denunciaba los crímenes y errores de la época de Stalin. El discurso no formó parte de los informes y resoluciones oficiales emitidas por él y el texto se reveló hasta 1988.

Khrushchev, quien fue cercano colaborador de Iósif Stalin, lo acusaba de haber sido un gobernante que procedió con una violencia salvaje no sólo contra quienes se le oponían; criticó con ferocidad su carácter despótico y caprichoso. El comportamiento arbitrario de Stalin, estimuló la arbitrariedad. Las detenciones y las deportaciones en masa de muchas miles de personas, las ejecuciones sin previo juicio y sin una investigación formal engendraron condiciones de inseguridad, temor y aún de desesperación en la Unión Soviética.

Frente al Politburó, Nikita Khrushchev acusó furiosamente a Stalin de considerarse un ser que nunca erraba, que siempre tenía la razón. Nunca reconoció ante nadie que él se hubiese equivocado jamás ni en la menor cosa, y cada vez que alguien estaba en desacuerdo con él se le declaraba “enemigo del pueblo”. Después de la Segunda Guerra Mundial, apuntaba Khrushchev, Stalin se volvió más caprichoso, irritable y brutal. Su manía de persecución alcanzó dimensiones increíbles; tras la guerra, Stalin se separó aún más de la colectividad. Todo lo decidía él solo, sin ninguna consideración por nadie ni por nada.

En un momento de su mensaje de aquel frío día de febrero en Moscú, Khrushchev preguntaba al auditorio formado por la clase dirigente de la exunión Soviética: “Algunos camaradas pueden preguntarnos ¿Dónde estaban los miembros del Politburó? ¿Y por qué esto se está haciendo sólo ahora?”. En ese momento del público surgió una voz que le preguntó: ¿Dónde estaba usted?, a lo que de inmediato Khrushchev reaccionó preguntando: ¿Quién fue? El auditorio entero enmudeció. En ese momento Khrushchev dijo: “Yo estaba ahí, igual que usted, camarada, en el silencio cómplice”.

La semana pasada, el representante en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), Jan Jarab, y el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González, exigieron poner salvaguardas a la Guardia Nacional, el proyecto que espera capacitar a 50 mil efectivos para desplegarlos en 266 regiones lo largo del territorio mexicano. La argumentación de la nueva corporación, nace de “la carencia de una institución policial profesional” para “afrontar el desafío de la inseguridad y la violencia”.  Se trata de la política pública de seguridad con la  que el presidente Andrés Manuel López Obrador busca combatir la inseguridad en el País y que en un giro “extraño”, contó con la unión del Morena y el PRI para sacar adelante la votación, que fue encabezada por el siempre cuestionado exgobernador de Coahuila, Rubén Moreira, pues conociéndolo, deberíamos de empezar a preocuparnos de lo peligroso que puede resultar nuestra seguridad.

Es por eso que ante dictamen aprobado por los diputados, tanto la ONU como la CNDH cuestionaron que no hay garantías de que no se repitan las  violaciones a derechos humanos. Jarab reiteró la preocupación de la ONU, con base en cuatro elementos: “la falta de garantías de que no volverán a suceder las graves violaciones de derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas; el riesgo de que la fusión de la Policía Federal con las policías militares debilite los esfuerzos de construir y fortalecer a las corporaciones civiles; el impacto de la reforma en la investigación del delito y el sistema de justicia penal; y, finalmente, por la efectividad de la medida propuesta para abordar la inseguridad”.

Hoy por hoy, se exige absoluta sumisión a esta propuesta que en los hechos es la militarización institucionalizada y disfrazada de la política de seguridad pública: la guardia personal de AMLO.

Es por eso que, dentro de unos años, cuando se recuerde a los responsables de esto y si esto no funciona, valdría la pena preguntarse: ¿Dónde estaba usted?

@marcosduranf