Antonio Carlos Santos, talento puro, prestidigitador del esférico, americanista de corazón, declaró que el presente del América es “desastroso”. Dijo también que ha fallado la planeación de los actuales directivos del equipo amarillo, y ahora también verde y guinda, como si los cremas tuvieran algo que ver con los Panzas Verdes o el Poli.

Exagera el querido y admirado “Negro”. Hace apenas un mes, el conjunto capitalino se quedó a 90 segundos de ser campeón de Liga. Perder los dos primeros partidos del actual torneo no significa ni remotamente que ahora ya sea un equipo desastrado.

Tampoco estoy de acuerdo con lo de la mala planeación. Si algo ha caracterizado a la directiva encabezada por José Romano y Ricardo Peláez (que siempre se muestra muy regañón ante los reporteros), es precisamente la estructurada forma de organizarse para armar planteles, contratar bien y establecer objetivos. No por nada, desde 2011, el América ha clasificado a 10 Liguillas y ha obtenido dos títulos y dos subcampeonatos.

En lo que sí atina el brasileño es en señalar que el América ha dejado de proveer canteranos al primer equipo y en los pocos goles, a cambio de muchos millones de dólares, que han entregado hasta el momento Quintero, Peralta y Romero.

¿Valiente o temerario?
Por su rojiblanca parte, Matías Almeyda dijo que “México tiene equipo para ganar un Mundial”. Entrevistado al respecto, el entrenador del equipo nacional, Juan Carlos Osorio, opinó que la declaración de Almeyda fue valiente, pero que no es pertinente crear tal expectativa.

La aspiración y el deseo de ganar un título mundialista son legítimos; de hecho, siempre hay que pensar en grande. Sin embargo, más que valiente, la declaración de Almeyda fue temeraria y hasta cierto punto demagógica, porque si bien es innegable que el futbol mexicano ha crecido notablemente en los últimos años, todavía no alcanza la calidad futbolística para ser campeón del mundo, y quién sabe si los de mi generación vivamos cuando eso suceda.

Osorio fue mesurado y realista al afirmar que la Selección todavía no está para esos trotes. Entre los sueños ¿guajiros? y la realidad, que es dura como silla de montar, el punto medio: la objetividad.

Justos por pecadores
Usain Bolt perdió ayer la medalla de oro que había ganado junto con sus compañeros del relevo 4X100 en los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008.

Es bueno que el Comité Olímpico Internacional no deje de investigar y tome este tipo de decisiones que buscan limpiar el deporte, no obstante que han transcurrido nueve años desde que Nesta Carter, uno de los relevistas jamaiquinos, corrió dopado a toda velocidad.

Con su trampa, Carter pasó a perjudicar a sus compañeros, entre ellos, el bólido Bolt, que tendrán que hacer el “oso” de devolver medallas y diplomas.

En nada cambia la importancia histórica del relampagueante y fanfarrón Usain, pero al perder la presea se queda debajo de Paavo Nurmi y de Carl Lewis como los máximos ganadores de medallas de oro en el atletismo olímpico, con nueve.