Decir que “está en chino” entender el estado actual de la economía mundial, a consecuencia del vaivén financiero –por no decir terremoto- que experimenta el gigante asiático, es mucho más que un juego de palabras que pretenda parecer divertido o al menos ingenioso.

En efecto, un resfriado en la que ya es la segunda economía del mundo, contagia y sacude al resto de la comunidad internacional que, por si fuera poco, sufre para entender el funcionamiento de ese comunismo que no es como era antes y un capitalismo con características únicas, diferentes a lo que marca la ortodoxia en Occidente.

Así, la dificultad para comprender las reglas de la operación de los mercados de China, coloca no solo en desventaja, sino en estado de vulnerabilidad, a los países que tengan relaciones comerciales de cualquier tamaño con el dragón asiático.

Ayer, por segunda vez en su historia, las bolsas de Shanghai y Shenzhen suspendieron su cotización durante 15 larguísimos minutos, al registrar caídas superiores al 5 por ciento en su índice selectivo conjunto, según las nuevas normas que se aplican desde este año.

Los expertos intentan explicarnos que, al igual que ocurrió el lunes –primera sesión del 2016- las bolsas, que empezaron la jornada cayendo en Shanghai y en Shenzhen, fueron paralizadas para frenar daños mayores.

Ese día, tras el tambaleante arranque chino, las bolsas del mundo –México incluido- iniciaron el año con el pie izquierdo.

A pesar de ello, con la danza de cifras y porcentajes que rodea a la información financiera, los economistas aseguraron que las bajas no deben alarmar, y aunque ayer se repitió la suspensión temporal en las bolsas de valores de China, éstas se estabilizaron tras sufrir leves bajas.

“Las vertiginosas caídas se ubicaron cerca del tres por ciento, sin embargo, 20 minutos después lograron levantarse”, señalan los análisis del caso. 

Pero China no es el único frente que pone nerviosos a los inversionistas del planeta. La incertidumbre que genera la inestable situación de Oriente Medio y sus posibles efectos sobre el precio del petróleo son otros desencadenantes del desplome financiero. 

¿Y por qué nos debería de preocupar a nosotros, en este lado del planeta, las sacudidas financieras y políticos de Asia y Medio Oriente? A estas alturas ya es obvio que la interrelación es tan estrecha que es inevitable el contagio.

El factor externo pesa, y pesa mucho en nuestro bienestar.

La buena noticia para México, si la hay, es que el Banco Mundial sigue confiando en un “modesto” repunte de la actividad económica global este 2016, de hasta el 2.9% del producto interior bruto. 

Esto, en el caso de México, significa que el País repuntará del 2.5 por ciento a una media de 3 por ciento entre 2016 y 2018 por las reformas estructurales y el impulso del crecimiento en Estados Unidos.

El porcentaje es poco, pero dicen los especialistas que esto es bueno para el País, porque serán pocas las naciones que lo consigan. Quién lo diría: ahora resulta que somos privilegiados.