El edificio de la calle de Génova 33, en la Zona Rosa, resultó con severos daños luego del sismo del pasado 19 de septiembre. Foto: Cuartoscuro
De acuerdo con las estimaciones del Gobierno de Ciudad de México, tan sólo para retirar escombros se requieren unos 2,500 millones de pesos (130 millones de dólares).

El edificio de Génova 33 parece un sobreviviente de la guerra. Las cortinas de plástico del sexto piso se agitan suavemente con la brisa que entra a través de los grandes boquetes que quedaron en las paredes después del devastador terremoto que hace un mes sacudió México.

Los cristales están rotos. Los diez pisos de oficinas, vacíos. El comercio de las calles aledañas en la Zona Rosa de Ciudad de México se encuentra a la deriva.

Por todos lados hay carteles que piden con urgencia que el edificio sea por fin demolido, como se anunció porque sufrió daños irreparables, para que la vida pueda seguir.

"Las ventas bajaron muchísimo, se fueron muchos oficinistas. Nos pegó a todos. Ahora sí que la Zona Rosa está en crisis", dijo a dpa Guadalupe Rostro Nava, encargada de un pequeño comercio de comida en la vecina calle Hamburgo.

En la misma situación hay más de 150 edificios de oficinas y departamentos de Ciudad de México que sobrevivieron en pie pero quedaron heridos de muerte por el sismo de magnitud 7,1 que el 19 de septiembre dejó 369 muertos en el centro y sur del país y decenas de miles de casas dañadas.

De acuerdo con las estimaciones del Gobierno de Ciudad de México, tan sólo para retirar escombros se requieren unos 2,500 millones de pesos (130 millones de dólares).

Aunque la vetusta estructura de la calle Génova fue puesta en la lista prioritaria para demolición, el proceso no ha comenzado.

Fotografía del 17 de octubre de 2017, que muestra el exterior de un edificio que será demolido en la Calle de Amsterdam en la colonia Condesa, en Ciudad de México, México. Foto: EFE

Se necesitan estudios para establecer el mejor mecanismo para una demolición controlada, sin uso de explosivos. También se requiere apuntalar el edificio antes para proteger la vida de los que se encargarán de demolerlo y para permitir, si fuera el caso, que los propietarios retiren cosas.

Una empresa de soluciones tecnológicas del primer piso de Génova 33 pudo llevarse sus documentos más importantes y computadoras para seguir trabajando con una parte de su personal en casa y el resto en una oficina prestada. Todos el mobiliario se quedó adentro.

Muchas de las víctimas directas del terremoto siguen viviendo en albergues, en casa de amigos o en tiendas de campaña en parques a la espera de que se determine si pueden volver a sus hogares. Miles de niños no han podido regresar a sus escuelas dañadas.

La Procuraduría General de la República también salió damnificada. No puede usar su edificio principal ni otras de sus sedes. Hay más de 23,000 trabajadores del Estado desplazados de oficinas federales dañadas que, en conjunto, suman 287,000 metros cuadrados.

Las víctimas indirectas también se cuentan por miles. Génova, una calle peatonal que desemboca en el elegante Paseo de la Reforma, está cerrada con unas redes plásticas naranjas a la espera de que el edificio sea demolido. Cafeterías y restaurantes no trabajan.

Edificios vacíos están a la deriva a un mes de sismo en México. Fotos: EFE/Cuartoscuro

"Muchos mexicanos damnificados. Ahora cuántos desempleados más. Urge solución", piden los comerciantes con carteles de letras rojas y negras colgados en las fachadas de sus negocios o en los troncos de los árboles. "Exigimos se autorice la demolicón inmediata de Genova 33. Mexico de pie. Queremos trabajar", reclaman otros.

"Como hay muchos edificios dañados, la gente cambió de trabajo o están cerrados los edificios", dice a dpa Elizabeth Sandoval Sánchez, encargada de "El Tortón" de Hamburgo, un local que vende "tortas" (sandwiches).

En su negocio, de cinco empleados, las ventas bajaron en un 70 por ciento. "Por el momento no nos han dicho cuándo van a demoler, sólo sabemos lo que vemos en la tele”.

La Papelería Génova, que hace fotocopias y encuadernaciones, pegó cartulinas fosforescentes con su teléfono por toda la zona: "Llámanos, nosotros vamos a tu oficina", ofrece.

En estados como Oaxaca, Puebla y Morelos, que sufrieron también grandes daños, brigadas de arquitectos e ingenieros voluntarios organizados en iniciativas como ReConstruirMéxico trabajan con la consigna de que no se debe demoler lo que se pueda rescatar. "Apuntalar para que en el futuro tengamos pasado", resumió la arquitecta Tatiana Bilbao.

Mucha gente dice que se siente abandonada a su suerte. "Ya se definieron las primeras 13 demoliciones y nosotros no estamos en la lista. ¿Cuándo nos va a tocar?", dijeron a medios locales familias afectadas en un edificio de la calle Coquimbo de Ciudad de México.

Las autoridades han establecido un programa de ayuda temporal para renta por tres meses y facilitación de créditos para los damnificados. Sin embargo, para la mayoría no será suficiente ni mínimamente para reponer lo que perdieron.

Aunque la mayor parte de la ciudad salió bien librada del terremoto, a diferencia de lo ocurrido el 19 de septiembre de 1985 con un sismo que dejó más de 10,000 muertos, la reconstrucción en Ciudad de México llevará seis o siete años, dijo el alcalde Miguel Ángel Mancera al diario español "El País”.

"Hay que diseñar una estrategia fiscal y dar un plazo a la gente, de unos seis años, para que los edificios inseguros se vuelvan seguros", afirmó. "El 31 de diciembre debe estar listo el plan, que no haya gente fuera de sus casas en inmuebles con averías menores”.