En materia económica quienes deciden definen el rumbo que tomará la economía en sus vertientes y el impacto en el agregado. Por ejemplo, el crecimiento es el argumento para la reforma energética y entregar el petróleo y la electricidad a la iniciativa privada nacional y extranjera, crecimiento que, después de tantas reformas neoliberales en 30 años, no es suficiente para nuestro país.

Otro ejemplo reciente es la reforma laboral que presentó Felipe Calderón con carácter de ”preferente” al Congreso de la Unión en noviembre del año 2012, a escasos días de concluir su mandato de seis años.  

Legisladores del PRI, PAN, Panal y Partido Verde expusieron premisas y razonamientos para demostrar que dicha reforma favorecería a la base trabajadora por ¡la generación de más empleos dignos y la seguridad de permanencia!  y que generaría una nueva cultura laboral en la que inversionistas y trabajadores tendrían acuerdos propositivos y sostenibles.  

Sin embargo los empleos prometidos no se han generado y la tasa de desempleo sigue por encima del cuatro por ciento de la población económicamente activa (PEA), además la tasa de crecimiento promedio de los ocupados del año 2013  (año de inicio de las nuevas reglas laborales) a junio del 2015 es sólo de 0.92, mientras que, a pesar de la crisis, de los años 2008 al 2012 dicha tasa fue de 1.95. 

Si bien la informalidad en tres años se redujo la fabulosa cifra de tres por ciento (de 60 a 57 por ciento de la PEA ocupada), el análisis del número de personas por estratos de salarios mínimos muestra que la reforma laboral favorece más a una de las partes, al capital.

De 2013 a junio de 2015, según INEGI, la tasa de crecimiento promedio de la PEA ocupada fue de 1.07 y dicha tasa en  remuneraciones a asalariados (billones de pesos) fue similar en 1.10, sin embargo dicha tasa de la inversión total en el tiempo señalado creció en 9.71… es decir que el agregado de sueldos y salarios se ha reducido y continuará en esta tendencia como resultado de la gran reforma laboral. Hace 25 años el componente del PIB del rubro ingresos de la base trabajadora era alrededor de 40 por ciento, para el año 2014 se redujo hasta 27 por ciento, lo que se agudizará.

Poco más del 70 por ciento de los asalariados (37 millones) percibe de uno a cinco salarios mínimos (sm). A nivel nacional el número de personas por estratos de sm, en el mismo tiempo -2013 a junio 2015-, la tasa de crecimiento promedio de las personas que perciben de 1 a 2 sm fue de 3.64, de dos a tres sm de  -0.44 y de tres a cinco sm sólo de 0.25.

Sin estrategias regionales el gobierno federal neoliberal promueve competencia entre entidades para “ofrecer” mejores condiciones al capital (terrenos, estímulos y/o exenciones fiscales, capacitación, entre otras), así en Coahuila se realizan estrategias para promover la inversión y en los mismos años a nivel estatal la tasa de crecimiento promedio de quienes reciben de uno a dos sm fue de 1.07, de dos a tres sm fue de 4.58 y de tres a cinco sm de 3.12, de ahí la rotación por la actividad industrial, aunque por ingreso individual éste sea marginal.

Esto se previó: sin estímulos claros a la productividad del trabajo el salario se precariza, se incrementa la eventualidad y no hay certeza en antigüedad laboral y en pensión futura. Por tanto la reforma laboral, aprobada poco antes iniciar el sexenio actual, fue una condición previa de la apátrida reforma energética ya en curso. Con estas reformas “de gran calado” ¿a qué intereses obedecen los partidos políticos mayoritarios y sus satélites? ¿qué tipo de alternancia política ha sido la nuestra?