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Dar el primer paso para involucrarse en una rutina de ejercicios es algo que le cuesta mucho esfuerzo a la mayoría de las personas. Y no es por flojera

Por: OMNIA

Es posible que la razón por la que te cueste tanto mantenerte físicamente activo, no derive de una falta de voluntad, sino del simple hecho de que cada individuo obedece a su propia genética corporal. Eres como eres, y punto.

O sea que las innumerables excusas que sueles mencionar para justificar una vida sedentaria, en realidad tienen fundamento, por lo menos varias de ellas.

Una de las razones es el rechazo que generan las situaciones incómodas que provoca el ejercicio en ciertas personas.

De hecho, no puede ser simplemente casualidad, que pese al bombardeo de información sobre los numerosos beneficios que brinda el ejercicio, tanto para la salud como para el estado de ánimo, todavía haya una parte importante de la población que no haga ningún tipo de entrenamiento físico.

“Por experiencia propia, he observado que esto se debe a una predisposición genética ligada al somatotipo de cada persona, es decir a las caracteríticas corporales propias de cada individuo”, explica Juan Francos Marco, experto en Ciencia Deportiva de Alto Rendimiento.

“Y eso nos lleva a relacionar la forma del cuerpo con la propensión a ejercitarse.  Por ejemplo para alguien endomorfo (estructura ‘gordita’) es mucho más difícil realizar actividades físicas que para una persona del grupo ectomorfo o mesomorfo. Lo cual lleva a que los endomorfos  tengan mayor tendencia a llevar una vida perezosa (los tres somatotipos mencionados se describen más abajo).

Una herencia ancestral

Para el profesor David Lieberman, experto en evolución biológica del ser humano, la explicación de por qué algunas personas son más dadas al sedentarismo, suele remontarse hasta los tiempos de nuestros primeros ancestros.

En un estudio reciente, publicado en la Revista de Medicina de Harvard, bajo el título de ‘¿Es el ejercicio el remedio de todos los males?’, el profesor Lieberman explica cómo nuestros antepasados tenían la costumbre de reposar para conservar energía, por ejemplo cuando tenían que mudarse de un lugar a otro o cuando estaban obligados a someter su cuerpo a exigentes jornadas de caza.

“Es natural y normal ser físicamente flojos”, asegura Lieberman .
“Nuestro primer instinto primordial fue durante mucho tiempo ahorrar energía.

“Durante la mayor parte de la evolución humana eso tenía relevancia porque si querías poner comida en la mesa, tenías que trabajar realmente duro”, dice Lieberman, en referencia a que en los primeros tiempos no resultaba fácil encontrar la cantidad de alimento necesaria para acumular las calorías que se quemaban durante las a veces prolongadas jornadas de cacería que se llevaban a cabo en el invierno”.


Lieberman señala que en la vida moderna no se necesita tanto esfuerzo físico para sobrevivir, ya que las máquinas y la tecnología nos hacen la vida mucho más fácil, pero hay que recordar que ‘heredamos el instinto de reposar’, dado que tampoco era necesario que los cazadores estuvieran en continuo movimiento.

La motivación

Según Sherry Pagoto, profesora de Medicina de la Universidad de Massachusetts, para muchas personas siempre es difícil superar el rechazo psicológico que genera la posibilidad de someterse a un programa de entrenamiento físico.

Sudar, pasar frío, sentirse sin aliento; los dolores musculares o el sacrificio que implica ejercitarse… son elementos que juegan constantemente con la mente, y que suelen estar a menudo en una confrontación con la voluntad de las personas.

Pero si bien es posible que el ser humano busque por naturaleza la forma de ahorrar energía, la inactividad es un problema que en la actualidad alarma a las autoridades de sanidad de todo el mundo.

Aunque también es importante entender la realidad a la que cada persona ha tenido que enfrentarse en el curso de su vida.

“La cultura y la educación toman una gran relevante a medida que se va creciendo”, asegura la profesora Pagoto.

“Si nunca se ve a nadie de tu familia ni de tu entorno practicar deporte o hacer ejercicio, será difícil que alguien se sienta motivado a hacerlo. En caso contrario, el niño que ve a su familia ejercitarse o mantenerse activa todo el tiempo, lo adopta como algo natural para el resto de su vida”.

Sin embargo, según la profesora, no hay nada reprochable en el hecho de que algunas personas sean perezosas, pero es importante entender que involucrarse en un programa de ejercicios es un proceso que, aunque requiere voluntad y dedicación, devuelve una gran recompensa en términos de bienestar. (BBCMundo)

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LOS EJERCICIOS SEGÚN SU TIPO

Hay tres tipos de cuerpos asociados a los rasgos genéticos y corporales. Veremos en seguida los ejercicios que mejor se adaptan a esos somatotipos

»Ectomorfo

Es la típica figura de la persona alta y delgada a la cual le cuesta mucho crear masa muscular.

Los ejercicios aeróbicos a nivel moderado,  entre ellos la natación y el ciclismo, son ideales para las personas ectomorfas. 

Pero es también recomendable una rutina de entrenamiento de fuerza que involucre el ejercicio con pesas ya que ello les permitirá aumentar el volumen de su masa muscular.

Estas personas son de metabolismo rápido, por lo que su entrenamiento físico (aeróbico o anaeróbido) siempre deber ser moderado, de lo contrario puede llevarle a perder peso y a frenar el crecimiento de su masa muscular.

»Endomorfo

Este tipo de cuerpo es el opuesto al anterior. Se caracteriza por estatura baja y forma redondeada, con un metabolismo lento que facilita la acumulación de grasa, pero que al mismo tiempo tiene facilidad para aumentar la masa muscular.

Los deportes idóneos para este tipo de cuerpo son las competiciones de fuerza, potencia y equilibrio, como el levantamiento de pesas y la lucha.
Lo que se busca es que descienda el porcentaje de grasa y aumente su masa muscular. Si no se hace, se volverán personas extremadamente gruesas.

A nivel psicológico es el individuo más débil: le cuesta más esforzarse, se deprime muy rápido ante el fracaso y ante la falta de avance en lograr sus metas.

»Mesomorfo

Es el cuerpo mejor conformado físicamente, hasta el punto de que puede parecer un atleta sin serlo.

Es el clásico deportista que haga lo que haga lo hará ver bien. Es el tipo de atleta que juega al futbol y lo hace bien, que juega baloncesto y lo hace bien, que decide participar en una carrera de velocidad y se destaca.

Lo ideal para este tipo de cuerpo es alternar varios deportes y ejercicios en los que se incluyan aeróbicos y anaeróbicos alternados y constantemente variados. El tenis, el fútbol y el triatlón, se acomodan perfectamente a este grupo. Las personas mesomorfas, no deben  descuidar la dieta ya que tienen cierta tendencia a acumular grasa.