Dos hombres que viajaban en avión quedaron juntos. Dijo uno: “¿Ya te fijaste que nos parecemos mucho? ¿Por casualidad tu mamá estuvo alguna vez en mi pueblo, Lamparuza?”. “Mi mamá no –repuso el otro–, pero mi papá sí”… Dulciflor, linda muchacha que tenía problemas en las piernas cuando bebía (se le abrían), fue a una fiesta en compañía de sus amigas. De pronto, ante el asombro general, empezó a decirles uno por uno a los invitados varones: “De ninguna manera. No acepto ir contigo a tu departamento”. Le preguntó una de las amigas: “¿Por qué haces eso?”. “Tengo ganas de tomar –respondió ella–, y estoy rechazando cualquier posible invitación mientras todavía puedo hacerlo”… Un hotel para recién casados ofreció un coctel de bienvenida a las novias que llegaron ahí a pasar su luna de miel. El gerente se consternó, porque ninguna fue al festejo. Le preguntó al encargado de organizar el festejo: “¿Qué sucedió? ¿No le hiciste publicidad al coctel?”. “Y mucha, jefe –respondió el empleado–. En la pared del cuarto les puse a las novias la invitación”. “¡Idiota! –exclamó el gerente muy enojado–. ¡Ahí no la vieron! ¡Se las hubieras puesto pegada en el techo sobre la cama!”... Un vendedor de pájaros los vendió todos en la plaza del pueblo. Le quedó sólo un jilguero muy cantador. Con él en su jaula fue al templo parroquial, pues era la hora de la misa. En medio del sermón del señor cura el jilguero empezó a gorjear sonoramente, con lo que le cortó al predicador el hilo de la inspiración. Pidió el párroco: “Los que tengan pájaro hagan el favor de salir”. Todos los hombres presentes se levantaron y salieron del templo, menos un anciano. Fue una señora y le dijo: “¿No oyó lo que dijo el padre? ¿Qué usted no tiene pájaro?”. “Sí tengo, señora –respondió, humilde, el viejecito–. Pero el mío ya no canta”… Varias cosas hay que reconocerle al PRI: su monolítica unidad; la disciplina férrea de sus militantes; la prontitud con que cumplen las instrucciones –por no decir consignas– que “de arriba” les llegan. No sé si esa unidad, tal disciplina y semejante obsecuencia sean virtudes políticas o lacras democráticas. Lo que sí puedo asegurar es que entre todos los partidos, partiditos, partidillos y partidejos que hay en México, el PRI es el único cuyos militantes parecen haber hecho un voto de obediencia que hace de la organización a la que pertenecen una especie de ejército cuyas tropas marchan en una sola dirección, sin detenerse ni desviarse. Hasta Morena, el partido de un solo hombre, ha visto quebrantada su unidad. Los priistas son fieles al PRI, aunque únicamente le sean fieles al PRI… Una pareja de novios llegó a media noche a la casa del juez local y le pidieron una licencia de matrimonio. 

Somnoliento, el funcionario les entregó una y luego respondió a la pregunta del ansioso novio, que quería saber si cerca había un hotelito. 

Poco después el juez se dio cuenta, atribulado, de que en vez de una licencia de matrimonio les había dado una de pesca. A todo correr fue al hotel y les gritó a través de la puerta: “¡Salgan inmediatamente! ¡La licencia que les di no es de matrimonio! ¡Es de pesca!”. “Demasiado tarde, señor juez –respondió el novio–. ¡Ya nos pescamos!”… En la partida de póquer de los viernes un sujeto perdió todo el dinero que llevaba. Sus amigos, ante su insistencia, le permitieron que apostara su vellida barba, que era el mayor orgullo que tenía. Perdió también esa partida y para cumplir la apuesta se afeitó ahí mismo. Muy triste llegó a su casa. Era después de media noche y su esposa dormía ya. Se inclinó sobre ella y le dio un beso en la mejilla. “¿Ya viniste, mi amor? –preguntó ella adormilada–. Hazlo rapidito, porque no tarda en llegar el barbón”... FIN.