Todas las sociedades pueden y deben hacer más para asegurar que sus integrantes, pero especialmente quienes sufren discriminación, puedan acceder al ejercicio pleno de sus derechos

“El Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de las mujeres de a pie que han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades. El mundo ha logrado avances sin precedentes, pero ningún país ha alcanzado la igualdad de género”.

Las frases anteriores forman parte del texto con el cual la Organización de las Naciones Unidas nos convoca a dedicar la jornada de hoy a revisar y reconocer la desigualdad que aún prevalece en nuestro planeta entre hombres y mujeres, razón por la cual las actividades de esta fecha son un llamado “a fin de actuar para conseguir un futuro igualitario para todas y todos”.

Las naciones del mundo –todas– tienen retos importantes a los cuales deben hacer frente en este rubro. Todas las sociedades pueden y deben hacer más para asegurar que sus integrantes, pero especialmente quienes sufren discriminación, puedan acceder al ejercicio pleno de sus derechos.

México no es la excepción, desde luego. En nuestro país las mujeres han padecido y padecen múltiples formas de discriminación que les impiden acceder a una vida digna, así como crecer y desarrollarse de acuerdo a sus aspiraciones y talentos.

Desde las indígenas que no pueden acceder a la educación, hasta las mujeres adultas que mueren diariamente debido a la violencia que se ejerce contra ellas por su condición de género, pasando por las adolescentes que ven truncadas sus aspiraciones por un embarazo no deseado, las mexicanas deben enfrentar múltiples obstáculos a lo largo de su vida.

Muchos de esos obstáculos derivan de conductas largamente normalizadas que han reducido el papel de las mujeres en la comunidad al de responsables de la crianza de los hijos, el cuidado de los enfermos y los ancianos o la ejecución de las tareas domésticas.

Del mismo modo se ha caracterizado a los hombres como los detentadores del poder en todos los ámbitos y eso ha implicado para las mujeres el forzarlas a asumir un papel de subordinación.

Estos estereotipos constituyen elementos profundamente arraigados en nuestra cultura que deben ser visibilizados y reconocidos, pues sólo de esta forma es posible pensar en la confección y puesta en práctica de estrategias para detener su avance y revertirlos.

El Día Internacional de la Mujer constituye una oportunidad para dar ese primer paso indispensable para la resolución de un problema: reconocerlo sin ambigüedades. A eso estamos convocados en esta jornada en la cual millones de voces femeninas en todo el planeta se unirán para decirlo en voz alta.

Inmediatamente después, desde luego, es preciso emprender las acciones necesarias para transformar la realidad actual. Y a eso tendríamos que dedicar el resto del año que nos separa del 8 de marzo de 2022.

¿Qué cosas habremos cambiado de aquí a entonces? ¿Cuántos pasos habremos avanzado en dirección a la igualdad? ¿Qué acciones concretas vamos a realizar para lograrlo? Esas son las preguntas que demandan respuestas precisas y no solamente discursos cargados de buenas intenciones.