La inanición poco a poco va haciendo estragos en el vivir en que se encuadra la estructura gubernamental, cuyo timón es guiado por un capitán que no acepta indicaciones porque cree que su manejo es el correcto.

Ahora les tocó a los órganos autónomos y a los legisladores.

La pregunta sería ¿es esa la forma de ir eliminando a los órganos autónomos quienes son los contrapesos en la gestión del Presidente de la República? y la respuesta se esboza de inmediato, sí, pues el desfallecimiento se encargará lentamente de que se produzcan los efectos mortíferos, iniciados con la aplicación de una inyección que les irá restando el alimento de que se nutren, que en este caso son los recursos económicos, y que caminan hacia un retiro paulatino que los hará decaer de manera que el peso específico del Presidente sea más contundente que la fuerza de esos órganos que marchen con debilitamiento.

La función de los órganos autónomos no depende del Poder Ejecutivo, ni del Poder Legislativo ni del Poder Judicial, sino que desde que se crearon sustituyen precisamente algunas funciones del Presidente de la República, otorgándoles un estatus de autonomía, y que es ciertamente lo que AMLO no lo acepta, de ahí la idea de retirarles en gran medida el presupuesto y dejándoles solamente un camino bifurcado obligado, es decir, o se fortalecen o se subordinan. Si escogen fortalecerse lograrán enfrentarse con el riesgo de que les eliminen parte del dinero, sometiéndolos a los designios del Presidente, el cual reforzará el poder absoluto. Entonces el sometimiento. Que triste. 

Han transcurrido los primeros cien días desde que se sentó en la silla del águila, de tal manera que la vida nacional, con estos vaivenes, ha dado como resultado un camino espinoso en el sentido de controlar, hasta donde se pueda, el erario que ha ido matando con suma lentitud estos órganos constitucionales y minando la democracia por la que tanto aboga y de la que tanto presume.

Uno de los actos más irritables fue cuando ordenó impulsar una normatividad en el sentido de que ningún funcionario público percibiera un sueldo más alto que el de él, obligando a los ministros de la Corte a rebajárselo. Si bien es cierto que el salario de los ministros es sumamente alto, no encontró otra forma de someterlos a su voluntad que esa de restarles miles de pesos a su percepción, con la aparición de la Ley de Remuneraciones.

¿Se podrá entender que el deber de la Corte es avalar que el Gobierno Federal actúe acatando fehacientemente la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y que ese Poder Judicial constituye un contrapeso a quién se le tiene depositada la confianza para que las decisiones que tome estén basadas estrictamente en la justicia a fin de que se garanticen que las acciones que tome el gobierno sean las adecuadas? 

El mismo López Obrador sentenció que: “El ejecutivo no será más el poder de los poderes, ni buscará someter a los otros”.

Claro que lo buscó, y si no ahí está el ejemplo más claro, al imponer la disminución del sueldo a los que ganaran más que él, lo que hizo someterlos, acción por demás caprichosa y exento  de un criterio apegado a lo justo.

Y lo peor, eso obligó a que otros funcionarios renunciaran a sus puestos, mismos que seguramente serán ocupados por otros burócratas con menor capacidad y mayor necesidad económica, por lo que los contrapesos que deben constituir equilibrios sanos dejarán de serlo.     

Ese actuar de los funcionarios del gobierno refleja como si fueran dueños de una verdad absoluta creyendo que están haciendo lo correcto, y no son más que actitudes, en algunas ocasiones, de quienes parecen ser autodidactas que emiten un juicio y después reculan porque se equivocaron.

De igual forma, ya en terrenos del Poder Legislativo, los parlamentarios quieren, mediante un decreto, eliminar a las calificadoras que han ajustado a la baja la perspectiva de crecimiento para México, sin tomar en cuenta que esos organismos son de carácter internacional y que su trabajo es medir la capacidad de pago de nuestro país y no, como algunos senadores de Morena aducen, que deben conceder buenas calificaciones por ir desterrando la corrupción. Nada que ver.

Esa es una muestra palpable de la ignorancia de algunos adictos a López Obrador y que, imagínese usted, son los que están manejando nuestro país.

Se lo digo EN SERIO.

franciscoaguirreperales@gmail.com /

 @aguirreperalesf