El esquema parece rebasado, por lo que deben andarse otros caminos

“Esta conferencia tiene como propósito y como propuesta la más amplia convocatoria para que los gobernadores que así lo deseen se incorporen a la discusión sobre el fortalecimiento del federalismo, la democracia y el estado de derecho”, podía leerse en la declaratoria por virtud de la cual se constituyó la Conago en aquel lejano julio de 2002. Entonces, el guanajuatense Vicente Fox dirigía los destinos de la nación y la alternancia comenzaba a esbozar sus primeros efectos, no todos ellos positivos, por cierto. 

Apenas dos años antes, un candidato de oposición arrebataba por vez primera el triunfo electoral al partido hegemónico y las fichas en el tablero político sufrían un repentino movimiento. Se tornaba indispensable dar mantenimiento profundo al hilo conductor que comunicaba a Los Pinos con los gobiernos estatales. 

La fracción primera del artículo 117 constitucional prohíbe a los estados la celebración de alianzas, tratados o coaliciones entre sí, de tal suerte que la asociación de entidades federativas para la consecución de objetivos comunes debía llevarse a cabo a través de mecanismos alternativos. Quien se desempeñaba como gobernador de Tlaxcala, Alfonso Sánchez Anaya, se encargó de perfilar la propuesta que derivó en la Conferencia Nacional de Gobernadores. A la primera de las reuniones, celebrada (como era de esperarse) en Cancún, Quintana Roo, solo acudieron los mandatarios surgidos del PRI y del PRD, un año más tarde se dieron cita la totalidad de los gobernantes; incluso, el actual inquilino del Palacio Nacional fue uno de los miembros fundadores y presidió la conferencia en el año 2003, siendo Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal.

El sempiterno secretario técnico de la Conago, mi amigo Rolando García, recordaba recurrentemente que la organización había surgido esencialmente para discutir cuestiones hacendarias; tanto para negociar con el gobierno federal los asuntos de presupuesto y gasto, como para tener un acercamiento práctico con el poder legislativo. Pocos se hubieran imaginado que los temas que motivaron la integración de la conferencia fueran los mismos por los que ahora se da paso a su desarticulación.

Como crónica de una renuncia anunciada, Javier Corral Jurado fue el encargado de informar sobre el acuerdo tomado por los diez mandatarios que forman la Alianza Federalista, quienes decidieron poner fin a su participación en la Conago; “Vamos a dejar de integrar esta instancia con el propósito de construir nosotros un espacio de diálogo y colaboración efectiva”, sentenció el chihuahuense. 

Y aunque como dice el tema de la banda Moderatto “ya lo veía venir”, la desbandada en el foro de mandatarios estatales no es cosa menor. Resulta que conforme a datos oficiales, las diez entidades cuyos gobernadores se separaron de la conferencia gozan de una especial influencia en el contexto actual. Para empezar, el 31 por ciento de la población total del país se encuentra distribuida en los referidos territorios; al cierre del segundo trimestre del año, tan solo esos estados recibieron una inversión extranjera directa superior a los 3 mil millones de dólares, lo que significa el 40 por ciento del total captado; por su parte, casi el 60 por ciento de las exportaciones salen de las mencionadas entidades y, en conjunto, cuentan con el 40 por ciento de los empleos formales registrados ante el IMSS; por si fuera poco, aportan el 35 por ciento del PIB, es decir, producen más de la tercera parte de la riqueza que se genera en México.  

Nadie puede negar que los propósitos que sirvieron como fundamento a la Conago se circunscriben en el ámbito de lo positivo; sin embargo, dadas las circunstancias, el esquema parece rebasado, por lo que deben andarse otros caminos para privilegiar el diálogo entre pares. En las épocas en las que el federalismo, como corriente de pensamiento político y como forma de gobierno, encuentra férrea resistencia en la tentación centralista, cualquier esfuerzo para su fortalecimiento debe ser bien recibido. Entre que son peras o manzanas, los de la Alianza Federalista hicieron pública una serie de acciones que habrán de implementar en breve; dos de ellas merecen mención aparte: la creación de una agencia de promoción económica que sustituya a la extinta ProMéxico y la conformación de una agenda energética para un crecimiento sustentable y equilibrado en todo el país. 

Aquí en confianza, mientras que las crisis de salud y la económica no dan su brazo a torcer, la crisis política se asoma tímidamente en los entretelones del escenario nacional. El debate ideológico entre el federalismo y el centralismo toma fuerza en los estados y sus resultados son de pronóstico reservado. 

Considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, Alexander Hamilton escribió: “No es la tiranía lo que deseamos, sino la paz justa, limitada y un gobierno federal”. Ahí se los dejo para la reflexión. 

@Ivo_Garza
Iván Garza García  
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