Desde la “era axial”, el pueblo judío ha meditado sobre su historia de manera continua. En la filosofía del recuerdo y la memoria, es dónde encuentran su identidad. Recordar quiénes fueron para saber quiénes son; saber de dónde vienen para saber dónde están. El futuro encuentra sentido siempre que se reconozca en el pasado. Recordar la historia de un pueblo que con fortaleza y determinación ha logrado sobrevivir continuas persecuciones (desde Canaán y Egipto, hasta nuestros días) y embates criminales a lo largo del mundo; recuerdos que generan fortaleza y constituyen identidad.

2 de mayo, 10:00 de la mañana en punto: el sonido de una sirena empapa todo lo largo y ancho de Israel por dos minutos. El país entero se detiene. Los coches, las fábricas, los transeúntes, los bañistas, todo permanece solemnemente estático para recordar a los seis millones de judíos asesinados durante la Segunda Guerra Mundial. Para recordar el holocausto; la persecución y la aniquilación de un pueblo: su pueblo.

En el Museo Recordatorio del Holocausto Yad Vashem sobrevivientes colocaban ofrendas florales en los monumentos recordatorios y en todas las escuelas del país y bases del ejército, se realizaban ceremonias conmemoratorias. Mientras que, en Polonia, miles participan en la Marcha por la Vida de Auschwitz a Birkenau. La que es guiada por sobrevivientes de los campos de concentración y por una delegación de las Fuerzas de Defensa de Israel. Memoria y recuerdo histórico.

Pero no todo es historia. No todo es pasado. Tan sólo cinco días antes de la ceremonia del recuerdo, el 27 de abril, John Earnest, un joven de 19 años, atacó con un arma de alto calibre la sinagoga en Poway, California. La razón de Earnest para entrar e intentar aniquilar a todos los presentes, era, porque según él, “los judíos estaban acabando con el mundo”. En los últimos meses se han registrado muchos otros actos antisemitas a lo largo de toda Europa. Desde esvásticas pintarrajeadas en los cementerios judíos en Francia, hasta los gigantes balones inflables de judíos ortodoxos sentados sobre costales de dinero que pasearon por las calles de Bélgica durante un desfile.

La Segunda Guerra Mundial, como pináculo del antisemitismo, nunca nos debe parecer lejana. Sin embargo, en la actualidad hay generaciones completas de jóvenes para los que ya no significa nada. Individuos que no reconocen, ni conocen, las atrocidades cometidas durante esa faceta tan negra de la humanidad. Olvido y falta de educación que solo alimentan el fanatismo en general y el antisemitismo en particular. Hoy, más que ayer, el antisemitismo se ha convertido, otra vez, en una reacción popular por todo el mundo; fundamentalmente en Europa y Estados Unidos y, fundamentalmente, entre los jóvenes.

Durante el discurso pronunciado, en la ceremonia del 2 de mayo, el Presidente Rivlin mencionó que: a “ochenta años desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, debemos mirar la realidad reciente. Europa, hoy, al igual que en otras partes del mundo, está cambiando su rostro nuevamente (…) las ideas de superioridad, pureza nacional, xenofobia, antisemitismo descarado y oscuro, desde la izquierda a la derecha, se ciernen en toda Europa”.

Mientras que el Primer Ministro, Netanyahu, también denunció los peligros del antisemitismo moderno: “La extrema derecha, la extrema izquierda y el islam radical están de acuerdo en una sola cosa: su odio a los judíos”.

Solo para alguien que no está consciente de la situación actual, para alguien que no lee los diarios, o que no voltea a su alrededor, estas declaraciones parecerían duras o alarmistas. Pero hoy, aún hoy, la popularidad del antisemitismo hacen que repensemos las cosas: memoria y recuerdo, debemos inculcar a todos, recordar las atrocidades que se han causado en nombre del fundamentalismo y del odio. Memoria y recuerdo, tal y como el pueblo judío lo lleva haciendo desde su aparición en la historia de la humanidad. Ellos lo saben: la única vía pacífica para evitar, es el recordar.