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La escritora regiomontana Mónica Castellanos vuelve al género de la novela histórica con este libro que explora una relación romántica que se gestó a meses del estallido del conflicto armado

Luego del éxito de su novela “Aquellas horas que nos robaron. El desafío de Gilberto Bosques”, Mónica Castellanos trae otra propuesta más anclada en la historia, pero ahora, a diferencia de su best seller, la trama es un romance que te hará ver la Revolución Mexicana desde otra perspectiva.

“El aroma de los anhelos” (Grijalbo, 2021) es la novela con la que escritora regiomontana regresa al género de la novela histórica y desarrolla el encuentro entre una joven mujer y un médico a tan solo unos meses del estallido del conflicto armado que cambió a México para siempre.

En entrevista con VANGUARDIA la autora ahondó en el proceso de investigación para este libro, los descubrimientos que realizó en el camino y su aproximación a este género y adelantó que está trabajando en una novela, también del contexto norestense, ambientada en la zona carbonífera de Coahuila, pues su familia viene de Múzquiz y Nueva Rosita..

 

¿Cómo llegaste a la premisa de este libro?

“Esta novela surge en un momento muy difícil de mi vida. Un médico, un grupo de médicos y enfermeras me brindaron su apoyo, su cariño, su empatía. Yo había decidido ya no escribir en este momento, y su cercanía y su apoyo y quizá esa palabra oportuna en el momento indicado, o ese acompañamiento, que fue a lo largo de varios meses hicieron que volviera a escribir.

En ese momento terminé Canasta de Comadres que fue la primera novela que se publicó en Monterrey, terminé el primer borrador de El aroma de los anhelos y como manera de agradecerles uno de los personajes tenía que ser un médico y luego comencé el proceso de investigación de Aquellas horas que nos robaron.

Este borrador se quedó ahí guardado. Vino un proceso de investigación nueva. Porque aparecieron unas cartas de Francisco I. Madero a su esposa Sarita, entonces la historia con el tiempo se enriqueció, se decoró hasta que terminó con su forma actual”.

La autora con su libro 'Aquellas horas que nos robaron', en entrevista para VANGUARDIA en 2018. / Foto: Archivo.

¿Cómo fue el proceso de investigación?

“La novela se desarrolla en Monterrey, en Parras, Coahuila y en San Antonio, Texas. Sucede cuatro meses previos a la Revolución Mexicana. Me obligó a investigar cómo eran las costumbres de la época, cómo estaba el transporte. El ferrocarril era muy importante, porque era lo que conectaba trayectos largos. Estaba iniciando el automóvil, entonces tenían ciudades que vibraban entre autos, carretas, el tranvía, los caballos, había un poco de todo.

En esas ciudades que convergían empezaba la mujer, y destaca en este personaje femenino, María Treviño, una joven que va a cumplir 16 años que se lanzó a luchar por el voto femenino. También hay personajes como Francisco I. Madero, Porfirio Díaz, y recurrí a las fuentes conocidas, que son Israel Cavazos y no tan conocidas como son estas cartas de Madero en las que pude encontrar ese perfil romántico que no se había reflejado de manera literaria en ninguna obra anteriormente2.

 

¿Qué descubriste que te sorprendió de la historia de México?

“El descubrir que la Revolución Mexicana se gestó o se desarrolló porque Francisco I. Madero hizo caso a estos espíritus que le hablaban y que le iban a decir que sería grande, que tenía una misión especial para México y que eso fue lo que o impulsa a hacer el Plan de San Luis.

Otro de los descubrimientos que hice fue la participación de los clubes de mujeres del Partido Liberal Mexicano, que apoyaban como correos y distribuían propaganda del partido, eso inspira al personaje de María Treviño. También encontré personajes como María Montoya, la primera mujer en graduarse de medicina o Roque Estrada, el secretario de Francisco I. Madero, que la historia dejó de lado y yo los menciono en la novela”.

Para tus lectores en Coahuila ¿Podrías adelantar cómo es Parras en la novela?

“Es sensorial, sensorial, sensorial. Ahí están los aromas, están los colores, está la vid, el proceso de la uva, está el vino, el aroma del vino; los higos, los dulces; su gente, está la fiesta, está la comida, toda esa cosa maravillosa que tiene Parras y es una delicia. Se van a identificar quienes estén allá y quienes no conocen ojalá les llame la atención ir”.

 

¿Qué tan presente está el contexto histórico en tu novela y qué tanto se centra en la ficción que creaste?

“Yo tenía esa idea de una novela romántica, de época, pero también que estuviera bien equilibrada la cuestión histórica, que el lector pudiera darse cuenta cómo era la época en ese momento, cómo estaba la condición política, la condición social de las mujeres, las desigualdades.

Ese tema me parece muy importante y queda reflejado en la novela. Son pequeñas pinceladas de ese gran retrato que era el México de la primera década de 1900”.

 

¿Cómo fue para ti darle vida al romance?

“Empecé a escribirla en 2014, entonces también fue una relación de romance largo la que tuve con esta novela. Se fue cultivando, hasta que estuvo terminada y estoy muy contenta, muy satisfecha, me gustó mucho cómo quedó, creo que el lector lo va a notar”.

 

¿Qué tiene el género de la novela histórica que volviste a él?

“Es algo que me atrae. No sé porqué me llama la atención de esta manera. Se me atraviesan las historias, se me atraviesan los personajes y no me sueltan. Yo creo que a todos los autores les sucede lo mismo y así lo han dicho otros como Borges, que decía ‘yo no busco temas, dejo que los temas me busquen y yo los eludo, pero si usted me insiste yo me resigno y escribo’. A mí me sucede un poco, guardando las distancias como le sucedía a él”.