Mi experiencia en el cabildo 2018 la califico como inesperada y frustrante. Existen dos formas para llegar a ser regidor en una administración municipal: haber sido candidato a la alcaldía, o participar en el proceso de asignación de regidores por el principio de representación proporcional por un partido que obtenga como mínimo el 2.5% de la votación efectiva en el Municipio. Fui candidato a la alcaldía por Morena, razón por la cual me tocó una regiduría.

La verdad es que se conoce poco o absolutamente nada sobre el trabajo que desempeñan los regidores. Hemos combatido ferozmente el presidencialismo federal pero no el local, hemos impulsado mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, de evaluación y supervisión gubernamental, de combate a la corrupción, pero nada hemos hecho para modificar un ayuntamiento que prácticamente funciona igual desde el siglo XIX. En principio, las atribuciones de los presidentes municipales y regidores establecen una división de trabajo clara y tajante. La Constitución señala que los regidores son representantes populares que conforman el ayuntamiento y que éste último gobierna al municipio, pero los presidentes municipales son el brazo ejecutor de las decisiones del ayuntamiento. De ahí que formalmente los regidores deliberan y deciden y los  presidentes ejecutan.

En la mayoría de los estados los regidores se eligen por listas de candidatos que acompañan al prospecto del presidente municipal. El votante tiene nulas posibilidades de alterar dichas listas y, por otro lado, los candidatos a regidor no necesitan cortejar al ciudadano. Basta observar cómo la propaganda municipal se concentra en la figura del presidente, mientras que los candidatos a regidores son ignorados. De ahí que para ubicarse en una buena posición en esa lista, el potencial regidor tiene que ganarse el favor de su partido o del candidato a presidente municipal. Pero en ningún momento debe congraciarse con el electorado.  Esto altera profundamente la dinámica al interior del ayuntamiento. Ya que si el regidor debe el cargo a su partido político o al presidente municipal, es muy probable que se vuelva un defensor a ultranza de las propuestas de éstos, lo cual resulta en que las discusiones en el seno de los ayuntamientos se politizan y tal circunstancia motiva negociar “en lo oscurito”. Esta deliberación debería ser pública y transparente pero no lo es.

¿Qué costo tiene para nuestra democracia local tener regidores asignados por los partidos y amarrados en sus facultades para incidir en los asuntos locales? El regidor puede hacer lo que quiera mientras no altere o se meta a la arena del presidente municipal, lo que implica acciones aisladas, descoordinadas y de muy bajo impacto.

Durante la primera administración de Manolo Jimenez (2018), yo tenía muy clara la función que me tocaba ejercer. Entré a desempeñar mi responsabilidad con la inocencia de un niño que cree todo lo que le dice un adulto. Confieso que caí en la trampa. Nunca imaginé que sería cercado por la mayoría abrumadora de regidores de todos los partidos, además de los independientes, que actuarían al ritmo que les marcaría el alcalde. Al inicio de la administración, presenté lo que sería mi plan de trabajo, con 65 propuestas para ser comentadas, discutidas y eventualmente aprobadas en el cabildo. El choque inició en la primera sesión plenaria, en la cual presenté la propuesta de un reglamento interno, iniciativa surgida al ver las actitudes de aquel grupo edilicio sin reglas ni normas para su actuar cotidiano y el área de regidores convertida prácticamente en mercado, con vendedores de comida a todas horas. Mi propuesta fue turnada a la Comisión de Reglamentos, en donde fue discutida por todos los regidores en reunión exprofeso. Mis compañeros fueron comentando uno por uno los 16 artículos propuestos. Con gran sorpresa fui viendo como destrozaban lo que pretendía poner orden y disciplina en nuestra función. Rechazaron entre otras cosas: a) que las secretarias dejaran de comer en sus escritorios durante la jornada de trabajo, habiendo observado que hasta huevos con chorizo hacían, impregnando toda el área con el olor generado; b) que no se hiciera propaganda partidista; c) que se comprobaran los $ 20 mil pesos que nos daban para apoyo ciudadano; d) asistir cuando menos 4 horas diarias al desempeño de nuestras labores; e) que se prohibiera hacer cualquier tipo de rifas, colectas o sorteos dentro de la jornada de trabajo. Después de la participación de  mis compañeros les mencione que tenía dos comentarios. El primero de alegría, por haber vivido en carne propia como se habían unido las fuerzas antagónicas de todos los partidos y el regidor independiente, para combatir algo que perjudicaría sus intereses personales. El segundo, la tristeza que me daba darme cuenta que los ediles, a quien consideraba personas con sensibilidad social, ética y moral, no habían querido contribuir a poner orden. No cabía en mi cabeza tal rechazo, puesto que el objetivo era el buen funcionamiento del cabildo. Apenas estábamos en enero y yo no sabía lo que me esperaba.

Continuará………

 

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