Inspirado en las crónicas del periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos sobre boxeadores.

He reporteado y contado la historia de varios pugilistas de barrio venidos a menos.

Tales como “El Zurdo Piña”, “El Many López” y últimamente un señor que vende semillas a las afueras de la comandancia de la Policía Municipal y al que la gente conoce como “El Campeón”.

Es un tipo septuagenario, grandote, morocho, fibroso, con los puños de roca, medio sordo y que arrastra las palabras al hablar.
Me pasé más de una semana platicando con este señor cuya figura, plantada en la esquina de LEA y Pérez Treviño, es casi un monumento urbano.

Con los días me di cuenta que además de vender semillas, chicles, paletas de caramelo y cigarros, este señor vende historias o las reparte gratis a quien tiene la paciencia y la virtud de escucharlo. 

“El Campeón”, su nombre de batalla, cuenta que en sus mejores tiempos peleó con Mantequilla Nápoles, que fue hijo adoptivo del mismísimo “Rey del bolero ranchero”, Javier Solís, que salió de extra en la cinta mexicana “Viva Tepito”, filmada en 1981.
Y muchas otras historias más.

Vaya a saber si es verdad o mentira.

Son historias que cuenta este boxeador retirado.

Es su dicho contra el de 106 millones de mexicanos.

Lo real es que “El Campeón” vive solo en un cuartito miserable a la orilla del periférico.

Lo real es que “El Campeón” sobrevive de lo poco que saca vendiendo sus dulces.

No se le conoce familia alguna, pero sí muchos amigos.

Si viera que se entretiene uno y se solaza escuchando las vívidas narraciones del exboxeador.

Seguro que usted lo conoce.

Que lo ha visto bajo su sombrilla azul cielo de noviembre.

Contando, de gratis, sus aventuras a quien quiera oírlas.

Nadie sabe quién es realmente.

Ni de dónde llegó.

Solamente que un día apareció en esa esquina asfixiada por el tráfago de coches y de gente.

Para cuando acordó “El Campeón” ya había cobrado fama y popularidad entre los marchantes que acuden a arreglar algún asunto a la comandancia,   

Tanto que con los años hasta los tiras le han tomado alguna estima y ya le dan una monedas o le llevan de comer.

Y así se la vive “El Campeón”, contando sus historias.

Fantaseando, delirando, divagando.

Cada quien tiene su fórmula de ser feliz, ¿que no?

Y la de él es ésta:

Vender semillas e historias.

A quien se las crea.

A quien guste creérselas...

Jesús Peña
SALTILLO de a pie