A reserva de hacer alusión en otro artículo a la religiosidad del autor de El Quijote, quien fue devoto católico, vale la pena dar cuenta de lo que desde su perspectiva expuso sobre el tema Américo Castro, en su monumental obra El pensamiento de Cervantes, publicada en 1925.

El libro comprende siete capítulos, más otro final, muy breve, con las conclusiones a las que llegó su autor. Es en el capítulo 6, el más extenso por cierto, titulado

“Ideas Religiosas”, en el que se aborda el tema con gran erudición. Cabe decir que Castro demuestra tener amplísimos conocimientos tanto de la historia de la Iglesia como de la teología católica.

Ante la complejidad del tema, considero más práctico transcribir ocho pasajes seleccionados, para dar cuenta de lo que el autor considera son las ideas religiosas de Cervantes. Las páginas que se citan corresponden a la edición 2002 del libro de Castro, publicado por Trotta.

Escribe Américo Castro: “Yo parto de esta base: Cervantes no se propuso conscientemente exponer un sistema de ideas favorables o adversas a la teología católica… (más bien) se deja guiar del complejo espíritu del siglo (XVI), mezcla extraña de adhesión a la Iglesia y de criticismo racionalista” (pág. 223).

“Cervantes era católico, apostólico, romano… pero posee al mismo tiempo una ideología no cristiana (reflejada en su concepción de la naturaleza y de la moral); además, ciertas prácticas y creencias excitan su crítica, y de vez en cuando se le escapa una malicia” (p. 243).

“Católico (Cervantes), sí, hemos de repetirlo; pero en la forma en que lo eran otros hombres de genio, preocupados de novedades. Cervantes, piadoso; pero formula la doctrina de la naturaleza como (creadora del) hombre… Frente a ciertas creencias y prácticas católicas, mantiene actitudes bastante críticas. Su cristianismo, según veremos, recuerda en ocasiones más a Erasmo que a (el Concilio de) Trento” (pp. 236-237).

“Es innegable que Cervantes estaba directamente influido por (el monje agustino, de origen holandés) Erasmo (de Rotterdam, 1466-1536, autor del célebre Elogio de la locura, publicado en 1511) [p. 258].

“Sería un error suponer necesaria congruencia  entre el Cervantes que glosa una redondilla en alabanza de san Jacinto… y el Cervantes que ejercita la crítica… sin ánimo de que afecte su catolicismo… El lazo que mantiene unidas ambas actitudes es la habilidad y el disimulo de Cervantes” (p. 232).

“La piedad religiosa se ha manifestado (en él) en otras formas, que conviene no olvidar para que nuestra información sea cabal… Cristianismo representaba para Cervantes: libertad, patria y civilización” (p. 240).

“No hay, pues, (en la obra de Cervantes) ataques a creencias fundamentales, pero sí punzadas a la vida eclesiástica, a los rezos, a los santos, a los milagros debidos a la superstición, a lo que es, en suma, obra esencialmente humana” (p. 263).

“Sin Erasmo, Cervantes no habría sido como fue” (p. 289) [80].

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