Ilustraciones: Vanguardia/Alejandro Medina

Los intereses de unos cuantos son privilegiados por nuestros gobernantes sobre los de la mayoría. Expondré un ejemplo.

La semana pasada un pequeño grupo de campesinos ocupó la carretera Torreón-Saltillo impidiendo el paso de vehículos. La causa del evento fue expresada a los medios de comunicación de inmediato: exigían que el basurero de residuos tóxicos situado en el ejido Noria de la Sabina fuera cerrado.

Los ejidatarios que han luchado por años contra el llamado Cimari han sido amenazados en sus personas, tienen órdenes de aprehensión y se les ha vilipendiado en los medios como ignorantes, atrasados y contrarios al progreso (no se aclara el tipo de progreso). El obispo Raúl Vera los apoyó, gracias a lo cual no fueron encarcelados, pero subsiste la orden. Sin embargo, el asedio fue increíble. En el predio de uno de ellos se sembró un cadáver. ¿Quién tiene cuerpos, dónde se venden, cómo conseguir uno?, evidentemente el Hospital Universitario los tiene, la morgue y la Procuraduría debido, en cada caso, a sus obligaciones y necesidades. El suceso resulta increíble, kafkiano, de caricatura. Al obispo mismo se le acusó de la ruptura del candado de un pozo para que los ejidatarios pudieran demostrar que el manto freático de Noria de la Sabina estaba a pocos metros de la superficie; midieron con un mecate su poca profundidad. El basurero podría envenenar el agua que va a Saltillo, a Ramos y luego a Monterrey. Esa lucha es real y los que la han emprendido tienen nombres y son conocidos de todo mundo, en especial de los dueños del Cimari y de Fuerza Coahuila, así como del (ex) gobernador Moreira.

Lo sorprendente es que ninguno de los que llevan el pleito de manera pacífica estuvo en ese escandaloso cierre de la carretera.

Sabemos que un priista de General Cepeda anduvo repartiendo dinero (hay fotos), que un exalcalde de esa población también participó y que los campesinos de la UNTA estuvieron listos para ocupar la autopista. Tres elementos que hacen ver que algo oscuro pasó. Esto no puede ser obra del azar y no faltan quienes creen que se tejió esto desde la Ciudad de México. ¿Quién se interesa en causar problemas? No es difícil imaginarlo.

El Colectivo Sí a la Vida, de ejidatarios de la cuenca de Patos, conocido por su seriedad, coherencia y pacifismo, se deslindó de inmediato del movimiento. Tengo entendido que también la Diócesis, pero no puedo afirmarlo por no tener la certeza. Sí a la Vida ha denunciado en varias ocasiones los cuatro o cinco incendios del Cimari, así como los olores fétidos que desprende el basurero, también las enfermedades de los ejidatarios y de sus familias. Han mostrado fotografías de víboras, coyotes, pájaros, lagartijas y otros animales que han sido encontrados muertos cerca del basurero.

Conozco bien la zona y sé que al menos 11 de los ejidos de la cuenca del arroyo San Miguel son habitados por personas inteligentes, bondadosas, muy generosas y depositarios de una cultura ancestral enorme.

Quizás el lector opine que exagero. Le informo que estamos llevando a cabo una investigación sobre esas personas. La Escuela de Ciencias Sociales tiene un trabajo de campo con más de 100 entrevistas a personas de la región (hombres, mujeres, niños e incluso de algunos que abandonaron los ejidos y viven ahora en Saltillo y Monterrey). Esas entrevistas están transcritas y han aportado un caudal de informaciones de lo más interesantes. Nuestra labor es, como puede verse, de corte antropológico. Pero en cuanto más avanzaban nuestros conocimientos empezamos a sentirnos obligados a iniciar una investigación paralela: la historia de esa gente. Y, para nuestra sorpresa, localizamos una enorme documentación de esa región que abarca varios siglos: los indígenas, Urdiñola, el Marquesado de Aguayo, el padre Sánchez Navarro, los ingleses Richardson y Purcell y, como cumbre de esa historia, los ejidatarios. Esa abundancia nos ha retrasado la entrega de resultados y la publicación misma.

Esos campesinos, asediados por algunos saltillenses y burócratas interesados, luchan por conservar su identidad que les quiere ser arrancada por gente sin alma, y no parecen querer rendirse. Y algunos estamos con ellos, junto a ellos y orgullosos de servirles.

¡No al basurero de residuos tóxicos! Sí a la Vida.