Sainete o riña de vecindad, circo, maroma y teatro, descontón callejero… tal es el nivel del debate político en México. Veinticuatro horas después de que el Presidente de México anunciara que terminarían los señalamientos a sus predecesores como justificante de sus fallas en el gobierno, AMLO regresó al ring mediático para enfrentar cuestionamientos por el incremento de la inseguridad que vive el País. Responsabilizó de estos males actuales a Felipe Calderón, no a los seis años de Enrique Peña Nieto. ¿Por qué?

Según el presidente López Obrador, el origen y causa de todos los problemas que padece el País en materia de inseguridad se localiza en la declaración de guerra que hizo Calderón en Michoacán, al inicio de su mandato, acompañado por el entonces gobernador de esa entidad y actual coordinador de Asesores del Presidente de la República, Lázaro Cárdenas Batel.

No bastaba con señalar a Calderón, era preciso hacerlo con sorna para llamar la atención. AMLO rememoró a Calderón enfundado en un uniforme militar que le venía grande y lo comparó con Borolas, chusco personaje de la Época de Oro del cine mexicano interpretado por el michoacano Joaquín García Vargas, que aparecía en pantalla con ropa que le quedaba grande.

Calderón cayó en la provocación, no fue capaz de perder la oportunidad de subir al ring y publicó en su cuenta de Twitter: “Hoy se cometen más de 100 homicidios al día, casi el doble que al final de mi gobierno, el cual comenzó a limpiar la casa plagada de animales venenosos. Hoy se les deja crecer porque no distinguen alacranes de abejas. A mí no me queda el saco, a otros el cargo les queda grande”. Acto seguido, los simpatizantes de uno y otro empezaron un golpeteo en Twitter que, debo suponer, sigue dándose.

Andrés Manuel López Obrador ya nos acostumbró a muchas cosas. Su tendencia a abstraer mata de cualquier dato duro que sea. Las prisas del mundo moderno imponen la notica corta, el slogans, el “balazo lapidario” sin sentido, el blanco y negro, sin matiz, sin análisis ni razonamiento, la palestra presidencial parece tener más fuerza que los datos duros del Inegi o que la realidad monda y lironda.

La novedad de esta semana es que “no importa que no estemos creciendo económicamente, lo importante es que hay desarrollo”. La nueva teoría económica, en su absurdo, podría llegar a la páginas de la Historia por la relevancia de quien la propone. Pero la tendencia de AMLO a la abstracción y su “yo tengo otros datos” no son lo único que nos receta el Mesías Tropical un día tras otro. Existe también otra fórmula más común y más vieja. Fidel Castro la utilizó durante décadas y hoy Donald Trump la aplica cada semana. También la vemos en Rusia, Brasil, Venezuela y cualquier otro país donde los adultos que gobiernan no asumen las consecuencias de sus actos. Se trata de la fórmula “el enemigo del pueblo”, clave para sustentar el discurso y la ausencia de resultados de quien ejerce el poder.

Calderón es el enemigo preferido de López Obrador, no importa que entre su gobierno y el de su adversario medien los seis años de Peña Nieto. Sostengo que los resultados del peñismo tienen mayor impacto hoy en día, por el simple hecho de su cercanía en el tiempo.

Más allá de lo visceral, para López Obrador pelear con Calderón es estratégico. La víscera manda por el odio que se profesan desde la elección de 2006; pero la estrategia también cuenta. Calderón está fuera de la jugada presidencial, la no reelección le impide competir por el cargo en 2024, pero en la medida que sea el principal opositor de AMLO, éste se asegura que no le crecerá ningún enano que pudiera posicionarse en la simpatía de los ciudadanos. Pelear con Calderón tiene otra ventaja: no tiene partido y parece imposible que logre consolidar su proyecto de partido México Libre. Se asegura así una oposición nula para el momento que realmente importa: la elección intermedia y la presidencial en 2024.

También le conviene a Calderón porque le permite permanecer en el debate político gracias a la estrategia-fijación de AMLO. Aunque no podrá adueñarse otra vez del PAN ni consolidar su alternativa partidista; él y sólo él seguirá siendo la “voz cantante” de la oposición en México. No es que los extremos se atraigan, sino que se complementan, se oxigenan el uno al otro. Mientras tanto, los mexicanos seguimos atrapados en los dimes y diretes del Comandante Borolas y del Mesías Tropical.

@chuyramirezr