Debemos dejar de obviar el debate sobre la adquisición, posesión, porte y uso de armas de fuego e incorporarlo a la agenda de discusiones que debemos sostener abiertamente para evitar que tragedias como la del viernes anterior vuelvan a ocurrir

Una de las preguntas que han formulado múltiples voces en las últimas horas es cómo llegaron a manos del niño José Ángel las armas que utilizó el viernes anterior para asesinar a una de sus maestras, herir a seis personas más, entre ellas cinco de sus compañeros de escuela, y posteriormente quitarse la vida.

Detrás de este cuestionamiento se ubica un debate que en México no hemos tenido porque probablemente consideramos que no constituye un problema: el relativo al control de las armas de fuego que existen en el país.

¿Cuántas armas hay en México? ¿Quiénes las tienen en su poder? ¿Cómo llegaron a sus manos? Si son de procedencia extranjera, ¿cómo ingresaron a territorio nacional?

Pocos son los datos que realmente conocemos respecto del volumen de armas que existen en nuestro país y quienes las poseen. Por regla general, por otra parte, solemos considerar que aún cuando no conocemos tal información eso no debe preocuparnos, pues en México no hay “un problema de armas”.

Las escalofriantes cifras relativas a las muertes violentas -que ocurren a razón de 100 por día en el territorio nacional- deberían bastar para convencernos de lo contrario, pero incluso tales datos solemos minimizarlos porque preferimos asociar esas muertes con hechos delictivos.

De cuando en cuando, tragedias como la ocurrida el viernes anterior en Torreón nos sacuden violentamente y nos obligan a cuestionar qué tanto estamos obviando la existencia de un problema serio.

A propósito del tema, en esta edición publicamos un reporte según el cual en el primer semestre de 2019 se habría disparado en Coahuila el número de solicitudes para portar armas de fuego ante la Secretaría de la Defensa Nacional, pasando de apenas 10 en todo el 2018, a 102 en los primeros seis meses del año anterior.

El incremento en el número de armas en circulación no se traduce de forma automática en un aumento de la violencia, ni puede considerarse el factor desencadenante de los hechos ocurrido el viernes anterior en el Colegio Cervantes de Torreón. Sin embargo, sí es un aspecto que debemos analizar.

Porque, al final de cuentas, la pregunta sigue flotando en el ambiente: ¿cómo llegaron a manos de José Ángel las armas que utilizó?

Formulada de otra manera: ¿pueden las autoridades locales y/o federales rastrear el origen de tales armas? ¿Cuentan con la información que permita identificar a quienes eran sus propietarios, la forma en que ingresaron al país o si estas habían sido utilizadas antes en otros hechos delictivos?

La información sobre las armas de fuego que circulan en México es esencial como parte del modelo de seguridad pública que demanda la sociedad y que el Estado tiene la obligación de garantizar.

Por ello, debemos dejar de obviar el debate sobre la adquisición, posesión, porte y uso de armas de fuego e incorporarlo a la agenda de discusiones que debemos sostener abiertamente para evitar que tragedias como la del viernes anterior vuelvan a ocurrir.