Algunos lectores consideraron descabellada mi reflexión editorial del pasado viernes, sobre la eventual llegada de Cuauhtémoc Blanco a la presidencia de la República en 2024. Más por terror que por convencimiento, me insistieron por redes sociales de su imposibilidad.

Veamos. Vivimos en una sociedad deshumanizada en la cual la experiencia de vida existe sólo si es representada en medios de comunicación o redes sociales: Vivimos a través de imágenes. No en función de sentimientos o valores. De esta manera, esos medios y redes nos relacionan a través de imágenes que privilegian el tener, el aparentar y la relación mercantil entre nosotros.

Por ello, entre las grandes mayorías, esas imágenes generadas por artistas, deportistas y narcotraficantes tienen un decisivo peso moral y político como modelos aspiracionales a seguir. Son los únicos, desde el punto de vista de ellas, que podrían sacarlas de su situación de exclusión y marginalidad históricas.

Convivimos también, en una sociedad despolitizada en su gran mayoría. Con bajas calificaciones en seguridad jurídica, cultura de la legalidad y participación electoral y/o ciudadana. Pero con altos grados en discriminación, intolerancia, racismo, clasismo y machismo.

A partir del 1 de julio, esas grandes mayorías de mexicanos ya no son representadas por el PRI, PAN o PRD de manera exclusiva. Sino por Morena. El cual ha extraído de esas mayorías a muchos de sus senadores, diputados federales y locales, y alcaldes ganadores en estas elecciones pasadas. Un ejemplo: Diego del Bosque, cajero de un bar en la zona de tolerancia de Saltillo, es actual diputado plurinominal morenista en el Congreso Federal.

Para cerrar el círculo. Sobrevivimos en un México colmado de pobreza. Mientras 53.4 millones de mexicanos son pobres, 9.4 millones viven en pobreza extrema. El 51.2 por ciento de la población total.

Entonces, si unimos deshumanización, despolitización y pobreza: ¿no podríamos imaginar la llegada del “Cuau”, o de alguien parecido, a la presidencia en 2024 o 2030?

@Canekvin